domingo, octubre 08, 2006

ENSAYOS :


Leopoldo de Quevedo ha sido profesor universitario. Se especializó en la práctica pedagógica, en la metodología de la investigación. Empezó en la Universidad Libre de Cali, Facultad de Derecho, 1988-92, siguió luego en la Universidad Autónoma de Occidente, 1992-96, en la Universidad Santiago de Cali, 1993-97, en la Universidad Antonio Nariño, 1999-2000 y por último en la Universidad Cooperativa, donde se desempeñó como Jefe del Centro de Investigaciones de la Facultad de Derecho. Su cátedra se dirigió a la enseñanza de la correcta redacción escrita y en el método de hacer investigación y presentar anteproyectos y proyectos de investigación.

Como fruto de sus clases, escribió una obra que, en términos claros, sirviera de guía a los estudiantes El anteproyecto y el informe final de investigación. 1996. Así empezaría su labor como escritor. Ya había enviado algunos artículos al periódico El Tiempo de Cali.

A partir de su ingreso al Grupo de Poesía y Arte Plenilunio en el año 2005, su Consejo de Redacción lo ha designado como su escritor de planta para presentar a los grandes poetas de la región en su revista bimestral.

Hasta el momento ha escrito los siguientes microensayos:

Coronación de Poetas : entre la espera, la desilusión y la gloria.
Fortuna e infortunio de los grandes poetas
¿Universalidad en la poesía?
La unidad temática en los fallos de poesía
Vigencia o fachenda
Isaías Gamboa, Un poeta ante el Destino
Jorge Isaacs, lira vallecaucana empolvada
Antonio Llanos, verbo iluminado
Carlos Villafañe, Poeta de las desilusiones
Mariela del Nilo, Tenuidad, dolor y ternura
Manuel Antonio Bonilla, enamorado de la poesía, el humor y el bisturí
Tomás Quintero, canto al hombre y su tristeza



Homenaje a los Poetas plenilunados - mini-reseñas biográficas en Revista Plenilunio 11

Gloria Cepeda Vargas, colombianista, pensadora y poeta

Marga López Díaz, jaguara, maga y poetisa




CORONACIÓN DE POETAS : ENTRE LA ESPERA,

LA DESILUSIÓN Y LA GLORIA




Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Se ha ido tejiendo toda una leyenda en torno al honor de ceñir la corona de laurel a lospoetas que fueron reconocidos como hijos epónimos por las ciudades estado, o por lospueblos a lo largo de la historia. La coronación se constituyó como el premio a una vida y auna obra llevadas al más alto nivel de perfección. Era el símbolo de haber alcanzado lacima de la expresión del pensamiento en este mundo y como la epifanía o anticipo deimaginarlos sentados al lado de los dioses y musas, a quienes habían emulado con elingenio de su creación.
Estos acontecimientos eran propiciados o reclamados por el clamor popular. Los actos serealizaban en el ágora griega o en el coliseo romano, espacios públicos abiertos, a loscuales concurrían las gentes en gran número para escuchar sus vates preferidos. Eranhonrados gratuitamente con la alegría de las palmas y los cánticos, sin que se requirieraadicionalmente emolumento material alguno que contaminara la grandeza y simbolismodel acto.
Se conoce que en primer lugar el pueblo griego premió con corona de ramos de olivo,encina, o apio y una palma a los atletas vencedores en Olimpia, en los Juegos Píticos deDelfos, en el valle de Nemea y en el Istmo de Corinto. Posteriormente se utilizaron lasramas de laurel. Los juegos se celebraban por siete días cada tres, cinco o nueve años enhonor a los dioses Júpiter, Apolo y Neptuno. El historiador Mommsen relata que elvencedor recibía una corona y era tal el honor que se daba a esta simple palma, que a sumuerte la colocaban sobre su ataúd. (1)
Píndaro hacia 480 antes de esta era, se hizo famoso por las odas que componía a los atletas que salían victoriosos de las justas. Aquí una estrofa en la que se plasma el ideal de la victoria:
"¡Dichoso aquel que ciñe su cabezacon el lauro del triunfo! De dulzura,vida eterna y de paz, para él empieza...Conserva hasta la muerte la diademacomo la presente, espléndidas victorias..." (2)
El poeta latino Ovidio en Metamorfosis cuenta el origen del laurel: ... "El dios arqueroinstituyó los Juegos Píticos para que el paso del tiempo no borrara la fama de su hazañade la serpiente Pitón a quien había vencido. Cualquier joven que venciera en ellos con susmanos, sus pies o su carro era premiado con una corona de encina. Todavía no existía ellaurel y Febo se ceñía las sienes adornadas de largos cabellos con las hojas de cualquierárbol. El primer amor de Febo fue Dafne, hija del Penco y no nació de la casualidad, sinode la impetuosa ira de Cupido. El dios de Delos, lleno de soberbia por su reciente victoriasobre la serpiente, había visto a Cupido doblar su arco para tensar la cuerda, y le habíadicho : "¿Qué haces tú, pequeño insolente, manejando armas tan poderosas? ...A lo que el hijo de Venus le respondió : Puede que tu arco atraviese todas las cosas, oh Febo, pero elmío te atravesará a ti y, en la misma medida en que los animales son inferiores a losdioses, tu gloria será inferior a la mía". Así dijo y, surcando el aire con un batir de lasalas, se posó, resuelto, en la umbrosa cumbre del Parnaso, y extrajo de su carcaj dosflechas de efecto contrario: una que pone en fuga el amor, y otra que lo hace nacer. Laque crea el amor está hecha de oro y su punta reluce afilada, mientras que la que loahuyenta está despuntada y lleva plomo tras el asta. Con esta fue que atravesó el dios a laninfa peneide, mientras con la otra hirió a Apolo atravesándole los huesos hasta lamédula.
Al punto se enamora él y rehuye ella el nombre del amor... Febo está enamorado y, al vera Dafne desea unirse a ella. ...Ella escapa más veloz que la leve brisa y no se detienecuando él la llama con estas palabras: "Son muy abruptos los lugares por los que tanto teapresuras"... Pero el joven dios ya no soporta perder más tiempo en halagos e incitadopor propio amor persigue su rastro con paso más veloz. ...Ella palidece ya sin fuerzas y,vencida por el cansancio de la veloz fuga, exclama al ver las aguas del Peneo: " ¡Ayúdame,padre! ¡Si los ríos tenéis algún poder, haz que transformándose, desaparezca esta figurapor la que he sido demasiado amada". Apenas ha terminado su ruego cuando un pesadotorpor invade sus miembros, una fina corteza recubre su tierno pecho, los cabellos seconvierten en hojas y los brazos en ramas, los pies, antes tan veloces, quedan clavados alsuelo con perezosas raíces, el rostro desaparece en la copa. Todo lo que queda de ella essu brillo. También así Febo la ama: posando su mano sobre el tronco siente palpitar elcorazón bajo la nueva corteza, abraza sus ramas como si fueran sus miembros vivos y besala madera, pero la madera rehuye sus besos. Y el dios dijo: "Entonces, ya que no puedesser mi esposa, serás mi árbol. Siempre te llevarán, oh laurel, mi cabello, mi cítara y micarcaj. Tú estarás cerca de los generales latinos cuando con alegría se celebren sustriunfos y suban al Capitolio los grandes cortejos". ... Y el laurel asintió con las ramasrecién formadas y pareció agitar su copa como si se ira fase de la cabeza" (3)
La corona del árbol de laurel, de ramas de hojas verdes, lanceoladas, rico en esencias, conun olor característico y tejida en forma de aro, era considerada por la tradición comoimagen de dignidad e hidalguía. La especie Laurus nobilis llevaba en sí unas característicascuasi mágicas que hacían de ella un artefacto idóneo para los fines que se inventó. Sushojas siempre verdes, aún cuando están secas, son signo de perpetuidad en la fama y en lagloria. Su forma es agradable a la vista, exhala un olor grato al sentido y su textura es grácily untuosa, fácil de tejer y suave al tacto de aquel a quien se unge con ella. Produce unasbayas que guardan un líquido fresco. Existen otras especies con propiedades farmacéuticas,que llegan a causar efectos nocivos, e incluso fatales de envenenamiento, por el ácidoprúsico que contienen. (4)
Los pueblos en la antigüedad valoraron y premiaron la creación intelectual con estímulosespirituales. Su cultura era simple y fruto de la sabiduría amasada en la paz y tranquilidadque hacían posible oír, saborear y percibir los aleteos de la inspiración de sus bardospatrios. El máximo premio era escucharlos, aplaudirlos y, por fin, ceñirles una corona deuna planta viva de sus campiñas.
A los generales que regresaban victoriosos de la guerra se les recibía en la plaza pública porla autoridad con una corona de laurel. A los reyes se les ceñía con la corona triunfal delaurel inicialmente y luego de metal en oro adornado de piedras preciosas, en un ritual casisiempre sagrado y acompañado de aromas y cánticos. Así también, a los poetas se lesreconocía su obra y su talento coronándolos ante la muchedumbre con los laureles delParnaso y de la gloria, confiriéndoles en vida el sello de la eternidad.
De Julio César, militar, cónsul, emperador y vencedor en cinco batallas, Suetonio dice quede cuantos honores le fueron concedidos por el pueblo y el Senado, no hubo ninguno queusara con más agrado que el derecho de llevar siempre una corona de laurel sobre sucabeza. Organizó su propio espectáculo y accedió al Capitolio rodeado por 50 elefantesportadores de antorchas, con desfile de niños, carreras de cuadrigas y competencia de lucha,se hizo imponer los laureles y luego repartió dádivas y monedas entre el público paracompletar su gloria.(5) A Simón Bolívar el 18 de septiembre de 1819 en Santa Fe deBogotá, después de la batalla del Puente de Boyacá, los soldados y el pueblo formaron unarco frente a la catedral y una niña le ciñó las sienes con una corona de laurel a nombre dela patria agradecida. Luego él, en un gesto de grandeza, la colocó sobre la bandera de suejército para compartir el honor de la victoria. (6)
El reconocimiento honorífico puro se ha ido demeritando y en su lugar han aparecidonuevas formas de contenido económico o monetario concedidas a grandes realizadores.Academias, gremios editoriales, fundaciones han promovido, mediante concursos ypostulaciones avaladas con méritos, premios de carácter universal o nacionales. Haproliferado el afán del reconocimiento en desmedro del amor por la creación sea deportiva,guerrera o poética y han aparecido con profusión en cada país y hasta en las regiones losdenominados premios nacionales, festivales o encuentros, en ateneos, universidades yconventículos privados, precedidos de ofrecimientos por el trabajo realizado.
En el siglo XVII en la Corte de Inglaterra, Carlos I creó el cargo de poeta laureado. Elprimer poeta que recibió una pensión real fue el preceptor del futuro rey Enrique VIII, BenJonson al cual se le asignó el sueldo de 100 libras y un tonel de vino de Canarias.Asimismo, fueron poetas cortesanos pagados con libras esterlinas y porción de vinoRicardo Corazón de León, llamado el versificador del Rey, con Henry III, GeofreyChaucer con Eduardo III y John Kay, quien firmaba como humilde poeta laureado, conEduardo IV. (7) En la época que tomó el nombre de la reina y emperatriz Victoria I, elpoeta Alfred Tennyson fue coronado por ella. Sin embargo, los biógrafos del autor de Maudy Los Lotófagos han reseñado que era un hombre solitario y triste que llevaba consigo unpoco del Caos que fue transformando en Cosmos. Fue desdeñado aún en exceso por elsiglo XX en pago del éxito que tuvo en su propio tiempo. (8)
La Academia Sueca de Ciencias, adjudica cada año los codiciados premios creados en 1901por el legado del célebre Alfred Nobel dotados de una gruesa cantidad de dólares parareconocer la creación de los gigantes del pensamiento, las artes y la paz en el mundo. Entreellos está el de Literatura. El autor de Las Moscas y El ser y la Nada, Jean Paul Sartre, fuegalardonado con esta presea pero la rechazó en nombre de sus ideales políticos. El inefableBorges murió sin alcanzarlo aunque en varias ocasiones el mundo literario lo presagiaba.
Existen otros importantes premios como el Príncipe de Asturias, el Nadal, con asiento enEspaña, el Rómulo Gallegos, Casa de las Américas que exaltan a novelistas y ensayistas.
La imposición de la corona sobre la cabeza de un poeta es una ceremonia de gransolemnidad. La costumbre de otorgar este honor por un pueblo aclamante nació en elperíodo clásico griego. Sin embargo, su poeta por antonomasia. Homero, no alcanzó estagloria. Pero hoy su nombre se erige en lo más alto del arte y está esculpido en la memoriade la humanidad. ¿Cuántos poetas, secreta o públicamente han esperado para sí la honra dela corona por el mérito de su obra y sólo la posteridad los ha premiado y cuántos otros hanceñido los lauros por favor inmerecido?
Publio Virgilio Marón, el mantuano de las Églogas, las Geórgicas y La Eneida, maestro delexámetro y precursor de la época de oro castellana, aparece con las sienes laureadas en lasefigies que han llegado hasta las páginas impresas. Mas su obra literaria, aunque fueapoyada por Mecenas, su gran admirador, no fue tenida en cuenta para coronar con loslaureles una vida cundida de sinsabores personales y familiares. (9) Suerte parecida tuvo elautor de Odas y Carmina, Horacio, quien nunca accedió a componer odas laudatorias aAugusto, a pesar de las ofertas de llevarlo a su lado en la corte. Llegó a comparar talofrecimiento de dádivas al pago que recibían mendigos y rameras. Ansió la corona y lainmortalidad de su obra y así lo expresa: convertido en cisne volaré por todas las regionesdel mundo.
Llevé a cabo una obra más eterna que el bronce
en un sitio regio más alto que las pirámides.
Exegi monumentum aere perennius
Regalique situ piramidum altius.
Anticipó su coronación en estos versos:
... Ten en cuenta el orgullo buscado por méritos y cíñeme si quieres los cabellos con los laureles, oh délfica Melpómene.
... Sume superbiam quaesitam meritis et mihi Delphica lauro cinge volens, Melpomene, comam. (10)
En Italia, tierra heredera de la cultura romana, Florencia, ciudad del arte por excelencia,instituyó el premio de la corona de laurel para los poetas.(11) Boccaccio, sin embargo,reconoce que tales coronaciones son sucesos que ocurren raramente. Relata el sueño de lamadre de Dante en el que creía estar debajo de un altísimo laurel, junto a una fuente. Allídio a luz un hijo que se nutría de las bayas que caían del laurel. En breve tiempo el hijo seconvirtió en un pastor y se esforzaba por alcanzar los frutos del laurel y, al intentarlo, secaía y se levantaba ya convertido no en hombre sino en pavo real. (12) Esta fue, luego, unarealidad para Dante, el pertinaz enamorado de Beatriz, a quien inmortalizó en su Comedia.Vilipendiado, perseguido y exiliado en Ravena, con la amargura del convencimiento,soñaba y soñaría hasta la muerte ocurrida en 1321, que él habría tenido que ser el primerpoeta coronado por su ciudad. (13)

Petrarca, tocado por el amor de Madonna Laura,- otra mujer que lo elevó a las cumbres,- araíz de la publicación de su obra África y después de palpar el éxito de la misma, reclamópara sí el derecho a este premio y el 1 de septiembre de 1340 la Universidad de París y elRey Roberto de Nápoles ofrecieron otorgárselo. Luego de albergarlo en su palacio y dehaber participado en oposiciones sobre el arte de la poesía para sustentar su obra, el Rey loenvió a Roma con sus credenciales y allí fue coronado en el Capitolio ante el Senado y enpresencia del pueblo que lo aclamaba. Hizo famoso el comienzo de su discurso decoronación con estos dos versos de Virgilio:
Sed me Parnassi deserta per ardua
dulcis raptat amor."mas el amor de las Musas amadas me arrastra consigoa través de áridos desiertos". (14)
Oriundo de familia noble, consentido de las cortes y de los príncipes de la iglesia romana,Ludovico Ariosto, al parecer fue coronado como poeta por el emperador Carlos V. Almenos existe -y así lo prueba- el diploma expedido en que se le confiere tal honor. Autorde los 46 cantos de Orlando Furioso, es llamado el divino Ludovico por el esmero en pulirsu obra hasta 1532, un año antes de su muerte. (I 5) Torcuato Tasso, el atormentado poeta de Sorrento, autor del extenso poema épico La Jerusalén libertada, no alcanzó la corona que su amigo el cardenal Cinthio le tenía preparada para que el propio papa lo honrara. La enfermedad y la muerte le arrebataron los laureles cuatro días antes de la ceremonia y entonces fueron colocados sobre su tumba.(16)
Entre los españoles, Quevedo, si de hecho no fue coronado, los retratos de la época, comoel grabado de Pacheco del Museo Lázaro Galdiano, lo muestran con su cabeza rodeada dellaurel de los poetas. En otro aparece, en actitud beatífica, mientras es coronado por eldiablillo de la sátira y la ironía. En Francia, Voltaire, conoció el triunfo de su vena en la poesía y dramaturgia, el año de su muerte. La famosa actriz Chairol, en 1778, durante la presentación de una de sus obras de teatro le impuso la corona a un busto ante el público entusiasta. (17) Más cerca de nosotros, “en 1992 por su contribución a la literatura norteamericana en Virginia, el entonces gobernador del Estado, Douglas L. Wilder, nombró a Carolyn Kreiter Foronda “Laureada Cultural de Virginia, ”abriendo así las puertas para que el actual gobernador del Estado, Timothy M. Kaine, la proclamara en junio de 2006 “Poeta Laureada de Virginia.” (18)
El honor y la gloria de los laureles, como la fiebre del oro, también tocaron la puerta de losvates colombianos. Su utilización está caracterizada por el sentimiento latino y su visceralexpresión.
Más amado que en su propio país el poeta Isaías Gamboa, en abril de 1902 en el Paraninfodel Ateneo de Santiago de Chile, fue ovacionado por el público después de recitar su poemaAnte el Mar lo cual significó su apoteosis. El maestro Guillermo Valencia el 24 de abril de1899 en el Teatro Colón de Bogotá, prácticamente fue coronado con las palmas por losasistentes que lo aclamaron después de oír su poema Anarkos. (19)
En Bogotá el poeta Alfredo Gómez Jaime lanzó y propagó la idea de la coronación deRafael Pombo a través de su periódico El Escudo, y esta se llevó a cabo en agosto de 1905.La corona fue regalada por el Presidente de la República al entonces secretario perpetuo dela Academia de la Lengua. El homenaje apoteósico se le tributó en el teatro Colón y luegofue conducido en coche destapado por la carrera séptima hacia el templo de San Diego, enmedio de una doble fila que lo vitoreaba. A la fecha de su coronación Pombo sólo habíapublicado un opúsculo con sonetos teológicos. (20) Sus poemas más líricos son Invocación,Juan Malverso, Noche de diciembre, Hora de tinieblas, De Noche, Fonda Libre yDecíamos ayer. (21) Fue después de su muerte que su obra de cuatro tomos me publicada.A este propósito, en su estilo festivo e irónico escribió :
Advierto ahora mi casual talento
de mantenerme en condición de mito.
Lo ideal no consiente tocamientoy en lo invisible hay algo de infinito.
Mi in-edición, esa es precisamentetoda mi fuerza. En publicando tomo¿qué gajo de laurel queda en mi frenteo átomo de epidermis en mi lomo?
El que se imprime en colección se entregacual pollo asado al secular cuchillo,mientras que si en la atmósfera se riega,hará siluetas de águila un cuclillo.
Julio Flórez, el último romántico, porque su apostura recuerda a los bardos del año 30 fuecoronado solemnemente en Usiacurí en 1923. Sus composiciones más conocidas son: Idilioeterno. La gran tristeza. Ojos y Resurrecciones. (22) El palmirano Ricardo Nieto, quien sedeclaró hijo de Musset y a quien apellidaron hermano de Gutiérrez Nájera, (23) autor deCantos de la noche, Allá, Futuro, La cabecera, Balada del viento, recibió el homenaje de lacoronación en 1930.(24)
Sin duda, el poeta colombiano más galardonado es Aurelio Martínez Mutis, coronado seisveces : dos en Bogotá, en Cádiz en 1912 por su canto ¡Salve, Madre gloriosa, en 1914 enParís, por la Epopeya del cóndor, en 1920 en Santiago de Chile, por su poema épico-menorLa Esfera conquistada y en su ciudad natal Bucaramanga, el 21 de mayo de 1932. (25) Elcaleño Antonio Llanos recibió en su ciudad los honores de su exaltación nacional comopoeta el 18 de noviembre de 1962.(26) Legó a la posteridad sus libros Temblor bajo losángeles, Casa paterna, Rosa secreta, La voz. entre lágrimas, una sinfonía de elegías,Evasión del hombre y La madre muerta.
Al vallecaucano Jorge Isaacs, sus contertulios de El Mosaico no dudaron en extenderle unacredencial firmada por todos sus integrantes, para exaltarlo como uno de los máximospoetas de su generación, después de oírle una noche, poemas como Río Moro y La visióndel castillo. (27) Saulo es un poema inconcluso, mas no por eso menos preciosa muestra delalto vuelo de su numen lírico. Haciendo eco a las palabras de Charry Lara, el primer cantoque se conoce del poema, puede ser la definición de poesía más extensa que lingüistaalguno haya jamás elaborado. Pero la desilusión y el abandono de sus amigos lo hicierondesdecir de su musa al final de su vida en La corona del bardo, uno de sus últimos sonetos:
Desata de mi frente esta diademade rojos mirtos y lujosas floresque ya mis sienes fatigadas quemay emponzoñan el alma sus olores.
De fugitiva gloria vano emblemavalióme de la envidia los furoresde los del oro vil adoradores.el rencor y el sacrílego anatema.

Mas ¿por qué tristes a la tierra inclinasmuda ante mi los ojos virginalesinundados de lágrimas divinas?
El amor inmortal hace inmortales
y, al llegar del sepulcro a los umbrales,
coronas... ¡ay! me sobrarán espinas. (28)
Además de Hornero, Horacio, Virgilio, Dante, Petrarca y Ariosto, monstruos de la poesíaque aparecen en El Parnaso al lado de Apolo, las nueve musas y la fuente Castalia en elóleo de Nicolás Poussin, deberían figurar Safo, Byron, Keats, Shelley, Shakespeare,Verlain y García Lorca, Vallejo, Huidobro y otros más.
Poesía, versos e imágenes, autores y su memoria han marcado épocas y lograron llevar aetéreas regiones a quienes tuvieron el privilegio de escucharlos en vida. Sus efímerascoronas se marchitaron con ellos pero su obra los ha inmortalizado y hoy los seguimosleyendo con una distinta frescura a las de las hojas verdes.
Bibliografía consultada y sugerida
(1) MOMMSEN, Teodoro. Historia de Roma. Tomo VI. Madrid : Francisco Góngora, editor. 1876.págs 332-333
(2) NÚÑEZ SEGURA, José A., Literatura colombiana. Medellín : Bedout. s.f. Págs. 772-774
(3) OVIDIO NASÓN, Publio. Metamorfosis. Colección Austral. Traducción y notas de E]y LeonettiJungl. Madrid : Espasa Calpe. 1997. Págs. 92-95
(4) OCÉANO. Grandes personajes universales y de Colombia. Julio César. Barcelona : Océano.
2000. Págs, 30-35
(5) ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA. En Laurel. 12ed. Vol. XVI. Cambridge : 1911. Págs. 283-
284
(6) PIAMONTE P., Raúl. Me llamo Simón Bolívar. Bogotá : Andes. 1978. Páe. 56
(7) ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA. En Laureate. 12ed. Vol. XVI. Cambridge : 1911. Págs.
282-283
(8) DE RIQUERT, Martín y otro. Historia de la literatura Universal. Tomo 3. Madrid: Planeta.
1971. Pág. l83
(9) ENCYCLOPAEDTA BRITANNICA. En Virgil. 12ed. Vol. XXVTTI. Cambridge : 1911. Págs.
111-112
(10) RESTREPO MILLÁN, José María. Horacio. Bogotá : Imprenta Nacional. 1937.
(11) ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA. En Virgil. Loc. cit.
(12) BOCCACCIO, Giovanni. Vida de Dante. Traducción de Segundo Atri. Buenos Aires : Argos.
1947. Págs. 43-44
(13) PAPINI, Giovanni. Dante vivo. Traducción de Alfredo Paoli. Buenos Aires : Editorial Tor.
1942. Págs. 82-83
(14) ENCYCLOPAEDTA BRITANNICA. En Petrarch. 12ed. Vol. XXI. Cambridge : 1911. Págs.
310-311
(15) ENCYCLOPAEDIA BRITANNICA. En Ariosto Lodovico. 12ed. Vol. II. Cambridge : 1911.
Págs. 492-493
(16) IZQUIERDO DE WASTEREN, Antonio. En: La Jerusalén Libertada. Torcuato Tasso. Introducción. Madrid: Aguilar. 1957. págs. 59-62
(17) es.wikipedia.org/wiki/Voltaire
(18) teatrodelaluna.org/artistas/poetas/carolyn_kreiter_foronda.htm
(19) OTERO MUÑOZ, Gustavo. Guillermo Valencia. En : Resumen de la Literatura Colombiana.2ed. Bogotá : ABC. 1937. Pags 37
(20) JARAMILLO AGUDELO, Darío. 150 años de Pombo. En Revista Nueva Frontera, No. 457Nov. 1983. Págs. 21-22
(21) JIMÉNEZ, David. Pombo y Silva. En Revista Gaceta. Bogotá : Colcultura. Abril de 1996.Págs. 32-33
(22) ARIAS, Juan de Dios. Historia de la literatura colombiana. Bogotá : Stella. 1960. Págs. 226-
227.
(23) GIL JARAMILLO, Lino. El Valle del Cántico. Cali: Imprenta Departamental. 1973. Págs. 33-
47
(24) NÚÑEZ SEGURA, José A. Op. cit. Pág. 250
(25) OTERO MUÑOZ, Op. cit. Pág. 155. y ARIAS, Juan de Dios. Historia de la literaturacolombiana. Bogotá: Stella. 1960. Págs. 202-203
(26) NÚÑEZ SEGURA, Op. cit. Pág. 369
(27)Ib. Pág. 432
(28) VELASCO MADRIÑÁN, Luis Carlos. Jorge Isaacs. El caballero de las lágrimas. 2a. ed. Cali:
Litocencoa, 1987, pág. 88




ISAIAS GAMBOA, Un poeta ante el destino
Cali, 1872 – Callao, 1904

Le correspondió heredar la vena poética del romanticismo y también fue contemporáneo de los grandes del modernismo a quienes estimuló en la gloria y con fortuna. Poseedor de una rara vocación de autodidacta, extendió su existencia por Centro y Suramérica creando poesía y enseñándola. El mundo apenas lo tuvo en su seno 32 años pues la melancolía, -palabra y sentimiento – que siempre lo acompañó en sus escritos y la tisis, clavaron pronto la fosa.

No haría falta hacerle la biografía pues en su novela La Tierra Nativa, los acontecimientos de Andrés pueden ser los del mismo Isaías:

“Desconocidos anhelos inquietaron su mente desde los claustros del colegio; soñaba con viajes, con aventuras de novela, con la fama; y un buen día, entre las lágrimas de su familia, se marchó del hogar con el equipaje de estudiante pobre”.

De recia personalidad y carácter, las elites intelectuales de su época ya fuera en Bogotá, Centroamérica o Chile lo acogieron y aclamaron sus dotes de escritor.

….” Se lanzó a la vida solo, conoció el mar, otras ciudades, otras gentes, escribió versos, tuvo aventuras; se hizo hombre por su propio esfuerzo; vio de cerca, en fin, todo aquello que él presentía de niño, todo lo que sus montañas le ocultaban, ese mundo que se había figurado muy hermoso, muy dulce y que era, en realidad, un poco triste”.

En su poesía se oye la música que va formando palabras conforme van apareciendo los versos. Imposible no hacer referencia al poema que junto a Primavera y Fantasía sobre “La Samaritana” de Rostand lo llevaron a la apoteosis. Si parecieran oírse los clarines en los versos de Darío, en “Ante el mar” se siente el vaivén y se oye casi el rumor de las olas:


Hoy ¿a dónde? Ya la nave
que me espera tiene un rumbo.
Y, ¿mañana? ¿Quién lo sabe?
Es mi suerte como un tumbo que de playa en playa rueda
Sin que nadie decir pueda
de do viene, a donde va!

No es una casualidad que el joven poeta Gamboa fuera escuchado en ateneos y universidades y que sus versos fueran profusamente buscados por las publicaciones de su época. Es que en él confluían las corrientes del siglo que agonizaba y empezaba a configurar el nuevo con su luz modernista. Gamboa era como una caja musical que irradiaba poesía a su brazo y Erato a su diestra le iluminó y le mostró el camino.
Ungido y coronado como cantor del amor y la tristeza sus pocos años bastaron para dejar todo un legado, todavía no bien valuado.



…."Llevo un puñal finísimo y agudo
clavado en la mitad del corazón
y con la sangre que la herida vierte
hago mis heridas yo"….

Vivió para el mundo, para su familia, para su patria y, ante todo, para la poesía. Su vida personal empezó cuando tomó la decisión de ir a buscar su destino que no fue otro que el quehacer poético.

Desde 1.893, cuando emigró solo, como las golondrinas, a Centroamérica, hasta 1.904 cuando fue en viaje por la muerte, sólo la Poesía lo mantuvo vivo.
Las mujeres, la mujer, ese es otro complemento para el hombre, fue un sucedáneo en sus momentos de soledad, mas no lograron capturar su esencia. A ellas dedicó el arpegio variado de su Gracia:


…."Vuelve al cielo el zafiro y los destellos
que al sol robaron. Déjale a la aurora
la madeja de luz de tus cabellos
en que preso mi espíritu se enreda.
Desligada la gracia tentadora
que nunca más enloquecerme pueda
Devuelve lo que es suyo a la Natura…"

Las cartas, - parte del patrimonio poética y testimonio de su sensibilidad y fidelidad a sus amigos y a Princesa, su amor platónico-, ocupan lugar que hay que visitar sin afán, para percibir la delicadeza de su espíritu. Aquella, de junio 15 de 1.904, premonitoria de su fin:

“¡Feliz quien ha tenido un grande amor que ilumine su vida!. El que ha amado hasta la sublimidad, ya puede vivir…¡y ya puede morir! Tú, ya puedes vivir; yo, ya puedo morir.”

Gamboa merece una y mil lecturas. Está en mora un análisis amplio y la difusión, no sólo por la comarca en que nació, de su obra. La bibliografía es amplia en Chile y en los países en que la vida deparó disfrutarlo de su musa. En Colombia y aún en el Valle del Cauca, su terruño, su obra ha sido tocada muy superficialmente. Solo su familia y unos pocos discípulos se han esforzado por hacer sobrevivir los versos y la memoria de este malogrado bardo. Loor a Plenilunio que dedica estas líneas.



ANTE EL MAR

Mi pensamiento como una golondrina,
pasa rozando el mar con sus alas,
y mi imaginación,
pájaro salvaje y
vagabundo, recorre distancias inmensas,
Atravesando velozmente los aires.

BYRON

A mis ojos vacilantes, vagos, húmedos y tistes
que reflejan tus destellos áureos, lívidos y rojos
a mis ojos, bajo el cielo, contra el cual furioso insistes
con tu rabia de Satán.
Otra vez en mi camino, cual te he visto tantas veces, apareces, en mi ruta de cansado peregrino,
¡Turbio mar!

Sobre el muelle tembloroso de tus alas incesantes
se retuercen, gimen, gritan
y se agitan, anhelantes de catástrofe fatal,
te contemplo, mar brumoso,
mar rugiente y espantoso, mar hirviente,
¡Ronco mar!

No has cambiado, siempre el mismo
siempre el móvil y profundo, vago abismo,
que en sus vórtices quisiera lo existente sepultar,
no has cambiado, no has cambiado, mas mi vida, sí, la mía,
que es distinta, muy distinta de cual era en aquel día
que te vi por vez primera,
muy distinta el cual era,
¡Fúlgeo mar!

Bien recuerdo En los anhelos de mis locas esperanzas escrutaron sus pupilas tus azules lontananzas,
mas allá de lo visible, mas allá
yo era el pájaro atrevido que escapábase del nido,
y al mirar de las gaviotas el constante y ágil vuelo
bajo el cielo, yo quería
ir como ellas y con ellas do tu imperio acabaría,
¡Raudo mar!

Y partí... Fue una mañana. Fajas grises
extendían sus cortinas y tapices
sobre fúlgidos umbrales,
sobre muros de palacios celestiales
en el limite ilusorio de la azul inmensidad,
y el acaso
iba abriendo en tus olajes los senderos a mi paso,
los senderos que la suerte ha trazado en mi existencia
conduciéndome a la muerte
¡Negro mar!

Y riberas
extranjeras
me esperaban, diferentes
tierras, pueblos, lenguas, gentes
con que no soñé jamás
y contrastes de alegrías
del amor, melancolías
del dolor, acerbas penas
insondables, cual tus aguas de amargura siempre llenas,
¡Torvo mar!


Y otra vez ante mi vista
te presentas! Y mi pecho se contrista,
se estremece, languidece,
cuando veo con pesar
que no tengo aun rendida y acabada
la jornada, la espantosa, gran jornada de la vida,
¡Luengo mar!

En mi alma
y en tu alma que conozco yo ,la calma
nunca ha sido, іnunca! ... Siento
que algo tuyo en mi se agita, tus tormentas, tu tormento,
tu inconstancia, tu amargura,
tus protestas a la altura con tu voz de tempestad,
y cual tu, también he ido, viajador de polo a polo,
siempre adusto, siempre grave, siempre triste, siempre solo,
Vasto mar.

Hoy ¿ A dónde? Ya la nave
que me espera, tiene un rumbo
¿Y mañana? ¿Quién lo sabe?
Es mi suerte como un tumbo que de playa en playa rueda,
Sin que nadie decir pueda
De do viene, a donde va!
Triste, mísero despojo del naufragio de la vida,
mi existencia, como un ave cuyas alas están rotas,
a regiones siempre ignotas
por tus ondas va impelida, va impelida,
¡Lento mar !

Yo, el errante peregrino
a quien dio fatal destino varia senda,
¿dónde plantaré mi tienda?
¿a qué golfo de ventura mi barquilla arribará?
En el frío desamparo de la ausencia sobre un atrio,
he soñado en los vergeles de mi hermoso suelo patrio...
Mas su imagen no me alegra.
En su cielo se ha extendido una torva nube negra...
Profanando el sacro Monte,
yo me acojo bajo el ancho pabellón de tu horizonte,
¡Libre mar !

¡Leve el barco! Si está escrito
que parezca lejos, solo y olvidado, oh infinito
mar, recíbeme y sepúltame en el fondo
de tus lóbregas entrañas, lo más hondo, lo mas hondo
tal que nadie pueda hallarme ni turbarme
¡Nunca más !

Y al arrullo de tus olas, cadencioso como un canto,
duerma yo mi último sueño misterioso bajo el manto,
de tus cándidas espumas, de tus iris, de tus brumas,
¡Verde mar!

Isla de Trinidad 1901.




Bibliografía

GAMBOA, Isaías. Obra poética. Isaías Gamboa, su vida y su labor poética. Cali: Imprenta Departamental del Valle del Cauca. Asociación de antiguos alumnos de la Escuela Isaías Gamboa. 2001.
GAMBOA, Isaías. La Tierra Nativa. Cali: Imprenta Departamental del Valle del Cauca. Asociación de antiguos alumnos de la Escuela Isaías Gamboa 2001.
SILVA HOLGUÍN, Raúl. Valle del Cauca – Tierra de Promisión. Tomo I. Cali: Imprenta Departamental del Valle del Cauca. s.f. Págs. 45-46.




JORGE ISAACS, Lira vallecaucana empolvada
Cali, 1837-Ibagué, 1895



Este escritor que el Valle del Cauca dio al mundo, como muchos coterráneos, tuvo sus glorias efímeras en vida, no compensadas con sus amargas decepciones. Ya la historia y las investigaciones han ido desatando la dimensión y la profundidad que lo hacen uno de los seres más interesantes que haya nacido en estas tierras feraces de cielos azules. Su cuna colombiana y caleña, no discutida, fue motivo de tristeza para él que la bañó en sudores, sangre y tinta:



Adiós, Cali, tan tierra tan famosa
tierra donde yo nací
que para otros eres madre
y madrastra para mi. (1)


Su ascendencia judía fue mirada con recelo y malquerencia por sus enemigos políticos y de pluma. Hombre recio y atrevido en todas las actividades que emprendió, demostró cuanto amaba a su tierra natal, a las regiones que lo acogieron y a su Patria en las lides que su alma de político idealista lideró. Siempre se entregó entero fuera para escritura, la política, la guerra o la investigación. Su debilidad fueron los negocios pues la ambición por el dinero no estuvo en el primer plano de sus intereses. A ello se debe que en sus últimos años las incomodidades económicas lo rodearan y minaran.. Sus haciendas La Rita, La Manuelita y Guayabonegro se esfumaron de sus manos quebradas y pasaron a otras más experimentadas. Ya los griegos en las tragedias presintieron para los grandes hombres un hado fatal.

Poseía la sensibilidad que necesita el ser humano para captar la esencia de la naturaleza, de la mujer y del corazón. No hay ser más inteligente que el poeta, capaz de descender hasta lo más bajo y de penetrar hasta las profundidades más altas de la racionalidad y de la vida para descifrar el universo. Isaacs fue uno de ellos.

Desde que dio a luz a su María (1867), el mundo de habla hispana reconoció sus dotes de novelista y también en vida fue reconocido como vate en los círculos literarios dentro y fuera del país. Sin embargo, pareciera que la luz radiante de su novela hubiera obnubilado su estro excepcional. Los libros de preceptiva y las antologías poéticas lo han minimizado y no le han reservado lugar al lado de nuestros mejores, sin que se quiera reclamar un orden de jerarquía entre ellos.

La investigadora y especialista de su obra, Maria Teresa Cristina estima que no son menos de 200 sus poemas (2). El recién desaparecido Femando Charrv Lara refiriéndose al fragmento conocido de Saulo (1881) lo cataloga como una de las más hermosas, misteriosas, maltratadas y desconocidas creaciones de la poesía colombiana. (3). Uno de sus biógrafos más documentados, Velasco Madriñán, relata que en el acta de la tertulia de junio 24 de 1864, catorce escritores de El Mosaico de la talla de José Maria Vergara y Vergara. José María Samper, José Manuel Marroquín, Ezequiel Uricoechea, Ricardo Carrasquilla, Salvador Camacho Roldán, Diego Fallon lo consagraron como poeta después de oírlo varias veces y cuando saborearon los manuscritos que leyó en esa ocasión, como Río Moro y La visión del castillo (4).

Pero que no sean los testimonios externos a su obra tos que exalten o recomienden la calidad y valor intrínseco de su poesía. Que sean sus propios poemas los que lo develen. Esta elegía, en su texto completo, -. que parece escrita hoy— podría ser un retrato en homenaje a nuestros vejados jóvenes:



LA TUMBA DEL SOLDADO

El vencedor ejército la cumbre
salvó de la montaña,
y en el ya solitario campamento
que de vívida luz la tarde baña,
del negro terranova,
-compañero jovial del regimiento-,
resuenan los aullidos
por los ecos del valle repetidos:

Llora sobre la tumba del soldado
y bajo aquella luz de tosco leño,
lame el césped aún ensangrentado
y aguarda el fin de tan profundo sueño.

Meses después, los buitres de la sierra
rondaban todavía
el valle, campo de batalla un día.
Las cruces de las tumbas ya por tierra,
ni un recuerdo, ni un nombre…
¡Oh!, no : sobre la tumba del soldado
del negro terranova
cesaron los aullidos,
mas del noble animal, allí han quedado
los huesos sobre el césped esparcidos.



Sin pretender hacer un análisis exhaustivo, en su poesía salta a la vista la tendencia romántica en que estaba inmerso y el uso profuso del hipérba­ton en boga desde el siglo de oro y que hizo céle­bre Góngora y Argote. Las terminaciones de las estrofas entretejidas en versos endecasílabos y heptasílabos permiten recordar la musicalidad del hexámetro griego y latino, especialmente los pies dáctilos finales combinados con el espondeo y el troqueo, impronta de la formación humanista acendrada de su época.

De sus observaciones de explorador y de su don poético, he aquí la muestra. Es un canto a las vivencias de su infancia. Su expresión es netamente lírica, sin que caiga en la descripción prosaica y narrativa, como sí lo afirma Mac Grady uno de sus críticos más conocidos (5). Su estruc­tura obedece los cánones de la octava real. Algu­nos versos, y aún el titulo, filtran la desazón que lo embargaba por las críticas acerca de su parentesco oriental:


RÍO MORO

Eres hermoso en tu furor: del monte
lanzado en tu carrera tortüosa,
vas sacudiendo la melena cana
que los peñascos de granito azota.
Y, detenido, de coraje tiemblas
columpiando al pasar la selva añosa.

Las nieblas del abismo son tu aliento
que en leves copos despedaza el viento.


Como burbujas en tu manto llevas,
irán los soles sobre ti pasando
y te hallarán los de futuros siglos,
como hoy, undoso, transparente y raudo.
No existirá ni la ceniza, entonces,
de mi, que rey de la creación me llamo
y, si guarda mi nombre el mármol frío,
lo hollará con desdén el hombre impío.

Más felices las flores de tu orilla
nacen, al aire su perfume exhalan.
Marchitas ya, se mecen en la espuma,
y, mil, más bellas, sus capullos rasgan.
Más felices tus ondas, al Oceano
van a gemir en extranjeras playas.
Y, yo, con mi ambición, pobre y proscrito,
de mi raza, infeliz, purgo el delito.


En la noche callada, ¿Soñé?, La vuelta del recluta, La oración, A Cali, La mañana del abue­lo, Los ojos pardos, La muerte del sargento, Tie­rra de Córdoba, Canto a la raza antioqueña, A­mar, Mayo, El primer beso, La tumba suya, El viejo soldado, Las Hadas, La tumba de Belisario, Elvira Silva, Después de la victoria, Apiádate de mí, son algunos de sus poemas más conoci­dos.

Como Camilo, otra novela suya apenas comenzada, Saulo es una pieza inconclusa, mas no por eso menos preciosa muestra del alto vuelo de su numen lírico. Haciendo eco a las palabras de Charry Lara, el primer canto que se conoce del poema, puede ser la definición de poesía más extensa que lingüista alguno haya jamás elaborado. Es la alegoría del drama del visionario y apasionado Saulo ante el esplendor de la palabra bella, “errabundo, indigente, sedienta y escarnecida” ¿Es aquí Isaacs aquí pintor del amor o de la mujer? ¿Hace una paráfrasis de la poesía a la mujer en la Biblia y en la historia? Este es el gran mérito : Su lenguaje es sugerente y universal y recrea o evoca muchas significaciones.

Es de tal profundidad, tan rico en imágenes y brillante pieza romántica que sólo se extraen en este ensayo algunos versos de las 30 estrofas, para inducir al lector que acceda al Canto I completo:




Me la figuro en ti y la comprendo.
Arcángel y mujer, casta y ardiente,
Safo en el alma, Débora en la mente,
con el amor humano enamorada...


y en el éter la busca el pensamiento.
¿Suspirabas? ¿Hablé? ... ¿Silbó en la brisa
que del velamen desplegó las alas?
Qué acallados sollozos, Heloísa,
¿Qué de su seno y de su regazo exhalas?

¿Es que tu amante corazón la nombra?
¿Eres ella? ¿Es su sombra
la que en mis brazos anheloso estrecho
al comprimirte así sobre mi pecho?

En ti, santa poesía, fe sin nombre,
confidencia de ángeles al mundo,
columna luminosa en el desierto,
fuente de Horeb brotando en el camino,
donde la ansiosa humanidad abreva
amor y vida y esperanza nueva.

... En esta inmensidad lo inmenso cabe.
En abismos sin fondo,
aquel dolor cruelísimo y tan hondo
que compararlo el alma nunca sabe.


... Perdona que delire:
¿No deliro de hinojos,
sumiso esclavo de tus negros ojos?
“Sed tengo”, sed de amor que en ti se calma:
no niegues de mis ósculos tu llanto,
¡sacia esta sed que me devora el alma!.

…Al rodarse la veste que desata
la mano temblorosa,
¡Qué deidad!
Del remanso en lo profundo
se estremece el peregrino.
¡Para qué fue creada tan hermosa!

Mirándola revuelan los alciones
¡Qué susurros y olor en el ambiente!
El bosque la respira...
Nimbo el rayo le da del sol poniente.
la soledad en éxtasis la mira.



Sí, Isaacs es un poeta cuya musa injustamente ha debido permanecer escondida en los cofres de eruditos y en portales de internet. Como lo prefiguró su contemporáneo Bécquer, la lira que “permanece cubierta de polvo en el rincón, la poesía de Isaacs, espera unas manos y unas bocas que sepan arrancar su melodía”. Así lo registró ese último terceto de La corona del bardo:


El amor inmortal hace inmortales
y, al llegar del sepulcro a los umbrales,
coronas... ¡ay! me sobrarán espinas. (6)

PLENILUNIO ha querido rendirle un homenaje y desenterrar un poco una belleza muy guardada y no gozada.


Bibliografía utilizada

(1) VELASCO MADR[ÑAN, Luis Carlos. Jorge Isaacs. El caballero de las lágrimas. 2ª. Ed. Cali:
Litocencoa. 1987, pág. 88
(2) Citada en: Jorge Isaacs (Colombia). Biografías. Internet.
(3) VASQUEZ ZADWASKI, Carlos. Saulo. Poema de Jorge Isaacs. Prólogo. Cali: Centro Editorial Universidad del Valle. 1993
(4) VELASCO MADRIÑÁN, Luis Carlos. Op. Cit.
(5) MAC GRADY, Donald. Citado por CRISTINA Z., María Teresa. En La poesía de Jorge lsaacs. Revista 9 Casa de Poesía Silva. 1996. Pág. 215
(6) ECHEVARRÍA, Rogelio. Antología de la poesía colombiana. Bogotá: Áncora. 1997, pág. 131



ANTONIO LLANOS, Verbo iluminado
Cali, 1905-1978


Nacido en la ciudad de Cali el 11 de julio de 1905, su educación, - vasta y profunda en las letras -, como la de muchos de sus contemporáneos, se debió a la medida de su propio gusto de autodidacta, según palabras de Carlos Martín, uno de sus amigos y del grupo de Piedra y Cielo, a cuyas reuniones el poeta Llanos asistió, aunque su presencia era fugaz, discreta y misteriosa, como su poesía.(1)

En 1930, a los 25 años, ya era director de la Revista de Occidente desde la cual convocó a escritores de la talla de Ricardo Nieto, Mario Carvajal, Gilberto Garrido, Carlos Villafañe, Silvio Villegas, Héctor Fabio Varela, entre otros. También dirigió El Diario del Pacífico. (2). A tan corta edad Llanos era un fanal que irradiaba una luz propia y logró congregar en torno a si a las mejores plumas de la región. Poseía una formación literaria, filosófica y humanista con la cual su pensamiento transverberaba para dejar ver regiones y límites jamás sospechados.

No importó su labor de anfitrión de escritores y la raigambre en su terruño. Alzó vuelo para conocer otras latitudes como Chile y Centro América. Fue conocido como poeta, prosista y crítico literario. Eduardo Barrios, crítico chileno, al referirse a su obra escribió : Antonio Llanos… es un maestro porque domina la forma en sus más sutiles secretos, denso porque, además de darnos algo tan hondo que linda con la religiosidad, se desprende de los valores circunstanciales y, nuevo porque introduce en las formas clásicas los más frescos materiales líricos. (3)

Para analizar la obra de Antonio Llanos el lector tendría que convertirse o en un enfermo para sentir su dolor, en un biólogo para cisurar y levantar las telas de su humanidad herida, en un filósofo para acompañarlo en el vuelo de sus elucubraciones o en un poeta para saborear la dulzura delicada de su verbo inspirado :




“Si no fuera por ti, ¡oh muerte!, tantas cosas
inadvertidas fueran.
Otorga tu silencio soledad a las rosas,
por ti los ojos míos en el lucero esperan.

Si no fuera por ti, el amor no tendría
tan suave ternura, tan firme retener
de las cosas que amamos : nube, flor, poesía
y este divino atardecer”.





Fue Llanos poeta nato, cuyo aprendizaje, sin duda, se nutrió en su lengua, de los maestros de la antigua latinidad como Virgilio, máximo cantor en sus églogas del campo y sus idilios y Catulo, expresión de la terneza del amor. Leyó, sin duda, todos los poetas de la formación de la lengua de Castilla, como Berceo, Boscán, Herrera, Ruiz, Caro y Cetina, los clásicos de la Edad de Oro, Garcilaso, Lope, Góngora y Quevedo, y los místicos de la noche oscura y de la muerte viva, Juan de la Cruz y Teresa la de Ávila. Sin duda, bebió las mieles del Cantar de los Cantares y conoció las joyas de Salomón en el libro de la Sabiduría. Él recogió en su obra esa herencia que hoy poco a poco se olvida y se pierde.

Llanos fue un iluminado que incursionó con éxito en la poesía mística. En este cuarteto de Ternura del Amado se percibe el eco de Teresa de Ahumada y de Juan de la Cruz :





Vivo sólo de amor para el Amado
pues de los vanos seres no soy dueño
Ensancho mis orillas cuando sueño
y no sé si he vivido o he soñado.



Sentimos la frescura virgiliana y el solaz del idilio en el campo en Elegía pastoral:






Hoy hemos vuelto juntos
al cielo de este campo
para buscar la flor
que te besó en los labios.
Creemos todavía
que no somos extraños,
que el nido reconoce
los extraviados pájaros.
…..




Publicó en 1942 su libro de sonetos Temblor bajo los ángeles, en 1950, Casa paterna, Rosa secreta y La voz entre lágrimas, una sinfonía de elegías, Evasión del hombre y La Madre muerta en 1958.

Sus elegías son la impronta de su ser en trance de la luz inalcanzable y del desapego material. Sus mismos títulos ya son un poema : Canción para decirla siempre, Elegía con música de amor, Elegía tierna, Has vuelto, Canción entre lágrimas, Elegía escrita sobre el agua, Elegía salobre, Elegía suspirante, Te has ido, Elegía entre la niña y el canto, Canción casi sin palabras, Balada sin sentido. Son expresión de extrañamiento, autoexilio en su mundo de soledad, dolor y locura.

De Elegía Fatal, estos versos que sumergen el espíritu en el más hondo suspiro por un amor sentido y por fin perdido :



….
Todo dolor de amor
el imposible alcanza.
La belleza se alumbra
con una sola lágrima.
Mira si no la noche
oscura y despojada,
llora después un poco
y retorna a mirarla…
¡y verás las estrellas
en el fondo de tu alma!
….
Digámonos adiós
que la tarde se acaba.
Para tanto dolor
este instante me basta.
¡Tu destino es volver,
volver siempre a mi alma!







Antonio Llanos como poeta, en sus últimos años, más que un hombre que escribe, fue un alma lacerada. Su alma no resistió y abandonó su cuerpo, alienándolo en la simplicidad vegetal en un reclusorio en medio de su natal ciudad en donde murió en 1978 a los 73 años.

El poema, de corte piedracielista, Tiempo de Misterio lo acerca a la dupla de la locura y de la muerte que late cada vez más con frenesí, frecuencia y patetismo :






Ya estoy contigo, madre, bajo el leve
cielo apretado de luceros hondos.
Ya no temo a la muerte y sólo espero
entre sus brazos el silencio todo.
Ya bien sé que en las alas de la muerte
la plenitud de Dios se entrega al ojo
con toda su hermosura y su misterio
como al mundo las bellas tardes de oro.
Y entre tu pecho, madre, y este mío
ya nada nos distancia. Y en mi lloro
hunde inocente el ángel su mirada
y yo el azul me bebo sorbo a sorbo.




Su poema Elegía total merecería ser el epitafio que envolviera y fuera muestra de su obra y de su numen :




Afuera el silencio todo.
Adentro todo el silencio.
A la luz de lo perdido
el alma duerme en desvelo.
De nuevo el sentido puro
despojo de tierra y cielo
y el desnudo corazón
cúpula de los luceros.
¡Oh noche, tan sólo mía
tómame en paz! Ya no espero
en los brazos de la muerte
oir más hondo silencio…



Llanos aprendió a jugar, a soñar, y a vivir con la poesía. A lo largo de sus poemas va escalonando sin esfuerzo palabras que parecieran claves en su poesía : lucero, luz, sueño, sombra, muerte, estrella, rosa, brillo, nube, cielo, silencio, voz, pájaro, tarde, lágrima, lluvia, flor, árbol, rocío. Son los valores que brotan espontáneos de su mente y de su corazón. Eran el continuo alimento de su alma. Era un pájaro azul que picoteaba granos ya de agraz ya de ajenjo para su cuerpo grácil y frágil que aligeraran el vuelo.

Como si presintiera que su final sería un desprendimiento y un desligarse, un pasar de lo material a lo inmaterial, en su poesía hay un recurrente erguirse a las alturas. De Elegía sollozante, “una de las estrofas más trágicas y bellas que se han escrito en la poesía española”, según su amigo, el poeta Octavio Gamboa (4):




Arriba el cielo inmenso:
pequeñez estrellada.
Abajo el hombre oscuro:
pequeñez desolada.
Confundidos y pávidos
en esta noche callan
y cada uno al otro
le increpa su distancia.




Termina Plenilunio el presente homenaje a Antonio Llanos con este cuarteto de la Canción del Retorno con la cual hacemos una invitación a saborear cada palabra y cada imagen de su obra:




Nos quedamos oyendo la noche
que confunde en la sombra estrellada
el pausado rumor de la música
y el divino silencio del alma.







Bibliografía consultada y sugerida :

(1) MARTÍN, Carlos. Manual de literatura colombiana. Tomo II. Piedra y cielo. Bogotá: Planeta. 1993, págs. 94-95
(2) MARTÍNEZ M., Guillermo E. La poesía en el Valle del Cauca. Cali: Imprenta Departamental. 1954. págs. 67-68
(3) Ibid.
----------- Algunos prosistas del Valle del Cauca. Antonio Llanos. Meditación sobre Porfirio Barba Jacob. Cali : Imprenta Departamental. s.f. Págs. 158-165
(4)LLANOS, Antonio. Antología Poética. Prólogo de Octavio Gamboa. Bogotá: Intergráficas. 1982, Págs. 22-23
LLANOS, Don Antonio. En Los Poetas. Flores de varia poesía. Biblioteca Aldeana de Colombia. Bogotá : Minerva. 1936. Págs. 159-162



CARLOS VILAFAÑE, Poeta de las desilusiones
Roldanillo 1881- Cali 1959



Si ningún mortal humano puede predecir o presentir su futuro o siquiera su mañana, menos el poeta que tiene por oficio diseccionar la realidad para escribirla. No encontrará motivos, ni rastros ni horizontes que le permitan aquietar su espíritu creador. ¿Qué es el amor, la vida o el más allá? Es un tren que para en la estación de la muerte, es un reloj que da paso al minuto, es un ladrillo en la pared, es una ola que se bate en la mar. Estas serán las constantes en la poesía del autor que hoy hace llenar estas páginas.


Esta vida es un tren: corre perdida
en busca de una equívoca fortuna:
arranca en los vaivenes de la cuna
y para ¡en las llanuras del olvido!



En Roldanillo, en su hermoso valle, el más llano del Cauca, un 5 de abril nace Villafañe. Aunque sus biógrafos lo sitúan en Bogotá, la Atenas suramericana de entonces, cuando apenas contaba 12 años, esa edad era suficiente para que ya hubiera podido beber para sí, la riqueza del terruño que luego cantaría en poemas como Interlunio, Guitarra de la tarde, o Tierra del alma:




... recuerdos que al través de la distancia
y del tiempo duplican su fragancia.
Vosotros sois al corazón del hombre
lo que la playa al náufrago: tu nombre,
dulce tierra del alma, va conmigo
y es mi blando refugio y es mi amigo.

en la hora triste que ennegrece el día
yo quisiera estrechar todas tus cosas,
contra mi corazón!


Villafañe es un poeta que huele a tierra, a su tierra, y a su agri-cultura. Sus cargos diplomáticos no arrancaron de sus entrañas el olor al tomillo o manzanilla, ni el ensueño por las vegas vallecaucanas, ni el sonido de las campanas de su pueblo o el perfil de sus lomas, ni acallaron en su tímpano interior el monoritmo de la guitarra de las cigarras en el guásimo, en Tierra caliente. Sus palabras recogen lo que el tiempo esparce en sus pliegues, en estos rumorosos versos de El Valle del Cauca:



¡Oh, florida humildad de las mañanas
del terruño natal, cálido viento
de mi Valle feliz que, como un cuento
infantil, me recuerda mis campanas!



Mas Villafañe no fue un escritor monocorde como las chicharras de sus poemas. Su estro caminó todas las sendas de la inspiración en busca de la universalidad y la eternidad. Así como tomó la lira para sentarse frente al río bajo la cabellera de los sauces y cantarle al paisaje, también cultivó el humor, se sumergió en la melancolía y elevó sus lamentos a la muerte. En El quebranto su alma deja salir, un poco, la hiel que lo atormenta:



...
No ya la luz de la mujer amada
con su apacible fulgurar me abriga
ni el suspirado manantial mitiga
el mal de esta vejez anticipada...



El Valle del Cauca tiene en Carlos María Villafañe, hijo de Ana Josefa y quien figura bautizado en la parroquia de san Sebastián, aunque antes había recibido "el agua de socorro" de manos de don Ramón A. Peña, a uno de sus más eminentes escritores, que interpretan el alma de su pueblo, y lo estima como al poeta valllecaucano por antonomasia. (2)




y es tan rudo y tan hondo mi quebranto
que, agotadas las fuentes de mi llanto,
¡ya ni el consuelo de llorar me queda!



Hijo de su época, del romanticismo y del modernismo, las notas del inmortal Poe, resuenan con apropiada originalidad en su poema, de sabor a acíbar, Nunca más:



Marca como un reloj mi pensamiento
las horas un monótono compás
y en la alta noche de mi olvido siento
fluir el mismo despiadado acento
ya sin nombre en la vida: ¡Nunca más...!



Villafañe, como lo recuerdan sus amigos, era un hombre bohemio, displicente y casi cínico ante Ja vida (1). Querido por sus contemporáneos, no buscó la fama ni la fortuna y así pudo disfrutar del mundo y de sus pequeñas cosas que entran al alma para hacerla feliz. De sombrero hongo y corbatín, bajo el seudónimo de Tic-tac fue dejando una constelación de versos impregnados de soma, desapego y naturalismo, a veces, cruel. Miró la vida por encima del hombro y la tomó tal cual y sin adornos. Así 10 expresa en uno sus más nombrados poemas, Olvidanza :



Con la jornada del ayer vencido,
en el silencio de las noches mías
siento que el horologio de mis días
va perdiendo su luz y su sentido.


Poeta de la desilusión, deja entrever la fugacidad del amor, de la risa y de la juventud en El amor de la vida:



Hombre, vaso de frágil contextura,
¿te ciñes a la vida? ¡Eres un loco!
¿ no sabes que la vida, de amargura
te colma y de tristeza, poco a poco. . . ?



Villafañe fue un amigo fiel hasta la muerte. Sus elegías merecen colocarse entre las mejores de la poesía colombiana. Con ellas sus personajes han logrado emerger del anonimato del sepulcro. Clarita Santos, Eduardo Ortega, Saavedra Galindo, Alberto Castilla, María Cristina Pradilla, Merceditas Payán, Carlos Gardel, Jorge Pombo, son algunos de sus amigos que dieron ocasión a poemas como Elegía en Tono menor, Elegía Blanca o Elegía íntima:



Aquí estás ya, cabe la eterna orilla,
frente a la eterna sombra del misterio,
del vaso, roto ya, la humana arcilla
rueda bajo el sauz de un cementerio.
Aquí estás ya , sobre el tremendo puente
que todos hemos de cruzar un día
cuatro tablas, apenas... se diría
que es ¡poco espacio para tanta gente!



Según Núñez Segura, (2) uno de sus biógrafos, "ramificada su poesía en temas" como la patria, la naturaleza, la mujer, su preferencia es el amor, llevado al máximo de la inspiración en La vía dolorosa 1, poema en dos sonetos, que ninguno de sus coterráneos se exime de recitar hoy de memoria:



Ojos y boca, y manos ilusorias,
todo bajo las sábanas mortuorias
quedó como una lámpara extinguida.

Y yo, de mi locura bajo el peso,
dejéle el alma en el dolor de un beso,
y a duras penas me quedó la vida.

Pensad en el desangre de mi herida
y decid si hay dolor en esta vida
que en algo pueda compararse al mío.



En 1930 fue coronado solemnemente y en 1943 Roldanillo le tributó un homenaje con ribetes de apoteosis. Parte de su obra quedó escrita en La Barra, periódico que fundó con Clímaco Soto Borda, otro gran humorista, el libro Poesías y en De sol a sol y Pathé Journal. Fue parte de la Generación del Centenario y su gracia sin pretensiones, y respetuosa se.oyó en las tertulias de la Gruta Simbólica.(3) La Imprenta Departamental del Valle ha publicado en dos ocasiones sus poemas y el Museo Rayo, cuna del Encuentro de Mujeres poetas colombianas, compiló una selección en el formato lujoso de Ediciones Embalaje.
En el cenit de su vida, el 26 de noviembre de 1959 en la capital del valle de sus sueños, a los 78 años, murió el autor de cientos de poemas, sembrados con humor, dolor y olor en su tierra. Si alguien le hubiera preguntado qué poema pondría a la puerta de su tumba tal vez no hubiera escogido No marcar la tierra:



Cuando se vaya el tren que a nadie deja,
y que al valle mortal no vuelve más,
sobre el polvo que cubre al que se aleja,
no vayáis, ni por señas, a clavar
una cruz. Para qué marcar la tierra
¡si nadie aquella tierra ha de buscar!




Tal vez hubiera escogido Idilio este gorrón sencillo y sin ínfulas de trascendente, los versos con los que Plenilunio quiere terminar este homenaje a un poeta que, desde la provincia, nos regaló los laureles de sus sienes y la candidez de su palabra:


En aquel dulce paisaje
do el fresco rosal perfuma
del mar su nítido encaje,
donde el lánguido celaje
del astro crepuscular,
con encanto singular
tiende su imperio dorado...
¡Ay!, allí no me ha pasado
nada de particular... (4)'


Bibliografía
(1) VILLAFAÑE, Carlos. sus poesías. Prólogo de Raúl Silva Holguín. Biblioteca Departamental: Calí. 1982. 187p.
(2) NÚÑEZ SEGURA, José A., Literatura Colombiana. Medellín : Bedout, s.f. Págs. 323-324 '.
(3) AYALA POVEDA, Fernando. Manual de literatura colombiana. Carlos Villafañe. Bogotá: Educar. 1984. Pág. 130
(4) MINISTERIO DE EDUCACIÓN. Los poetas. Ingenios festivos. Bogotá: Minerva. 1936. Pág. 258
VILLAFAÑE, Carlos. Poesías. Bogotá: Antena. 1943.234 p. MARTÍNEZ M., Guillermo E. La Poesía en el Valle del Cauca. Cali: Imprenta Departamental. 1954. Págs. 89-100
VILLAFAÑE, Carlos. Memorias de un desmemoriado. Poesías de . Carlos Villafañe (Tic- Tac). Cali : Imprenta Departamental. 1959. 490p.
VILLAFAÑE, Carlos. Tic-Tac. Roldanillo : Ediciones Embalaje, Museo Rayo. s.f. 28 p.





MARIELA DEL NILO: Amor, tenuidad y dolor
Buga, 1917



Mariela del Nilo es el seudónimo de Alicia Emma Arce de Saavedra. Nacida en Buga un 25 de febrero, vive en la actualidad en Cali. Guillermo Martínez, uno de los biógrafos de los poetas de esta comarca la exaltó en 1964 como la “mejor poetisa del Valle del Cauca”. (1) El Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas de Roldanillo la ha declarado Almadre, epíteto con el cual honra a las poetas que han brindado su alma a Eratos y con su oficio han ido dejando tras si, el hilo de la poesía para iluminar el laberinto sagrado a sus admiradores. Tiene asiento de número en la Academia Colombiana de la Lengua y fue galardonada en 1998 con la Gran Orden del Ministerio de Cultura. Su personalidad irradia sensibilidad, paz y la sencillez de quien domina el arte de la palabra.

Su obra está publicada en los libros Espigas, 1949, Torre de Niebla, 1964, Claro Acento, 1969 y Secreta Soledad, 1992.

Hay sucesos, hechos o vivencias que marcan la existencia del ser humano. En la niñez o en la juventud, en la edad madura o aún en la vejez. A Mariela del Nilo el mar anega su ser-mujer. Ella misma deja salir de su corazón este sentimiento de ave marinera :

No sé por qué desconocida ley ancestral amo el mar, los azules y las lejanías. Verdaderamente, no sé por qué extraña asociación de ideas, mis temas tienden a colmar una sed infinita de puerto y mar. (2)

Y los versos en su libro Torre de Niebla son como oleadas de verde aguamarina. Es que la Naturaleza se le ha metido en su alma de poeta. Su prologuista uruguaya Dora Isella Russell lo expresa : Un fondo musical tenue, un rumor de mar a lo lejos, como ese que suena preso en las caracolas, (3) invade sus versos. La mimetización espiritual de su ser con el mar, se refleja en el poema Que estás muy lejos, Cartagena, ciudad que la circunda con sus playas y torres:



… de tanto pensarte ha florecido
un pensamiento azul entre mis venas.

de tanto nombrarte ya me saben
los labios a tu sed y a tus arenas.


En los viajes que emprendió dentro y fuera de la Patria, el contacto con el salado coloso era un objetivo ineludible. Necesitaba respirar el aire salobre, sentir la brisa y refrescar su cuerpo en el juego de las olas y mientras hundía sus pasos en la suavidad de las arenas. Así lo canta en Al Mar en Cartagena:



Yo vine al reencuentro : a rehallarme
en tu vestido verde –azul antiguo,

en tu beso de muerte y de ceniza
y en tu abrazo de lianas y de olvidos.

Tú , mar y yo, siempre estaremos juntos,
como lluvia y tristeza siempre unidos.

La neblina vaporosa que se alza al arrullo del calor de las olas, sugirió para ella una melancolía que pareciera avasallar de cuando en cuando su alma. En el poema Carta a Blanca Victoria Estrada Upegui se transparenta tal nostalgia :

… Igual que aquella noche, llovió en Buenaventura.
Ha amanecido todo : las calles y los hombres,
tétricos, taciturnos, como hechos de neblina.
Hoy vi, sin ti, de nuevo, el mar, tras de la lluvia.

Mientras los alcatraces montan guardia en las rocas
que fieles encarcelan la soledad de Islalba.

Qué bien puedo escribirte: todo está como entonces.
Buenaventura es triste, aunque reparte el trigo.

Mañana a mis espaldas quedará el mar amigo…
¡El mar! Todo mi mundo, desde el que fiel te nombro.



En sus ya casi 60 años de escritora, ha conservado un estilo inconfundible. Su forma de expresión es diáfana, sin estridencias ni pretensión alguna de escamotear la idea, imagen o realidad so pretexto de darle vigor a su verbo. Por lo contrario, posee una rara facilidad para tratar las cosas cercanas a su entorno, para retocarlas con palabras y embellecerlas en el poema. Oscar Echeverri la compara al ruiseñor a quien nadie le enseña el trino pues ya lo trae consigo al nacer.(4) Habla ya sea de su casa, del mendigo, de la lámpara, con el mismo lirismo que compone unos versos para la muerte o la vida, como aquellos que retroceden sus recuerdos en el soneto Quiero mirarte, madre :


Extinguida tu lumbre, soy la mujer que escancia
acíbar en la copa, sin grito ni lamento.
Te busca en los rosales mi corazón sediento
y las rosas se entregan con su antigua fragancia.


Su lenguaje es rico en léxico. Su numen se mueve en el idioma con la pericia que da la lectura, el estudio y el cuidado que sólo se consigue con la constancia y la experiencia. Su visión del mundo es vasta como él y por eso toca temas al parecer triviales y se adentra en profundidades y abstracciones con propiedad y pertinencia.

Ha cultivado las formas clásicas del metro y la rima en la composición poética, mas como una mujer actual, no se deja entramar en moldes y límites convencionales. La mayor parte de su obra podría catalogarse como intimista, pero también su musa toca a la puerta de la dureza de la cuestión social y la inclemencia de la era ultracientífica. En La paz empieza nunca, se aprecia su sensibilidad por la violencia patria:


No importa si es la noche o el día.
Tan sólo sé que escribo mientras llueve
para decir que escucho a la distancia
el clamor de los hombres y los niños,
los que están fusilando en algún sitio,
en la ciudad, el campo, la montaña.


En su libro Secreta Soledad el lirismo llega a límites místicos, casi religiosos. La soletudine, el Eremo del Dante, donde se pierde hasta el nombre,(5) es su sombra compañera. Su alma se vierte pura en ella, acosada por el dolor. Si bien es cierto que el amor de madre sobrepasa cualquier demostración de desprendimiento y sinceridad, en Mientras arde esta lámpara los versos sobrecogen por el expresionismo del amor, del dolor, la ternura y entrega, elementos que juntos dan ribete a la mística:


Quítame esta impaciencia. Sujétame esta angustia
y apacigua el silencio, por si el silencio habla.
No le digas a nadie que estoy triste en la noche,
mientras arde esta lámpara.
No le digas a nadie. Mi hija en el recuerdo
me visita esta noche con mi madre y mi hermana.
No le digas a nadie que sollozo en la sombra…
mientras arde esta lámpara.
Y, tú, vete enseguida con tu alma transparente.
Despide el año viejo y apaga la luz alta.
Vete, que yo me quedo con mi pena profunda,
mientras arde esta lámpara.


Mariela del Nilo hoy es una mujer tenue como la niebla, cristalina, que pareciera levitar en el mundo después de haber perdido a su hija Yolanda. Más que una voz que la invoca es un suspiro viviente en el rincón de su habitación.

Plenilunio, con su ventana abierta para el alma, termina este íntimo homenaje a esta hermosa Efigie de la poesía vallecaucana, con unas palabras de su poema Las doce de la noche, exactamente:


… Miro tras el cristal de la ventana
caer la lluvia tenazmente.
¡Qué inmensa soledad!
Sólo tú pasas en mi recuerdo por la calle.
… Las doce de la noche, exactamente.
Una música tenue de violines
llena toda la casa.
Hija, ¿tú sabes qué hago ahora?
Amor, leo tus cartas.




Bibliografía
(1) MARTÍNEZ M., Guillermo E. La poesía en el Valle del Cauca. Cali: Imprenta Departamental. 1954. pág. 321
(2) Ibidem.
(3) DEL NILO, Mariela. Torre de niebla. Prólogo. Cali : El Carmen. 1964. Pág. 7
(4) DEL NILO, Mariela. Secreta Soledad. Prólogo. Cali: Feriva. 1992. Pág. 8
(5) DANTE ALIGHIERI, La Divina Comedia. El purgatorio. Barcelona : Iberia. 1949. Pág. 209



MANUEL ANTONIO BONILLA, Poesía, humor y bisturí
La Victoria, Valle, 1872- Bogotá, 1949

Manuel Antonio Bonilla, nacido el 21 de junio de 1872 en una población que todavía reclama una mirada más benévola, es el personaje que hoy refulge ante los ojos de quienes amamos la poesía.

Educado en Cartago, escritor de prosa diáfana y precisa, crítico, ensayista e investigador de la lengua, dejó un legado poético y literario que en su tierra vallecaucana poco se ha valorado.

Antonio Gómez Restrepo, poeta amigo y crítico antioqueño de su época, expresó que Bonilla merecía un puesto distinguido en el parnaso colombiano y que su forma de escribir era elegante y de corte moderno. Expresión que suena un poco extraña hoy, pero que se entiende por los temas y la originalidad que exhibió. (1)

La fecundidad de su pluma y su brillante ingenio le valieron tomar asiento, como uno de los mejores escritores castellanos, en la Academia Colombiana de la Lengua, que le reconoció sus dotes y laureó su estudio en prosa Caro y su obra. Se cuentan entre sus poemas más nombrados Oda a España, Canto a la raza, Nocturno épico, Balada del recuerdo, Visión. De su profundidad y musa afortunada aquí está como muestra La Gota de rocío :


Está en ella copiado, vivo y terso,
con su cielo, su sol y sus estrellas,
en todo su esplendor, el universo.

¡Si así pudiera yo, con formas bellas
encerrar en el ánfora del verso
el mundo de mis íntimas querellas!


José J. Ortega, uno de sus biógrafos, dice de él que se destacó en las letras y el magisterio.(3) Fue maestro de lengua castellana por muchos años en el Cauca, en Bogotá y en Ibagué, en donde fue rector del famoso colegio San Simón. (4) Una de las instituciones educativas mejor dotadas del norte del Valle del Cauca en La Victoria, su patria chica natal, hace honor a su nombre desde 1952. (5)

Bonilla se radicó y ejerció su profesión de médico por más de 40 años en Ibagué, ciudad que parece tener un embrujo para los vallecaucanos, como que en otros días allí encontró refugio Isaacs. Entintó su pluma de poeta en medio de órganos y bisturís y dirigió la revista Arte.

Sus conocimientos y su pasión por la medicina lo llevaron a escribir dos libros de poemas : Sonetos hipocráticos y Siluetas médicas. Al abrir el lector el primero, lee su índice y parece más un listado de enfermedades o un diccionario de anatomía, pero luego se sorprende pues las neuronas, las venas o la boca o La pierna femenina van quedando enredadas entre los versos y la gracia del autor :


De tiempo inmemorial le hacen la corte
y a la belleza sirve de soporte,
al paso leve y la visión ligera.

Pero, además, cuando sedosa y fina
a los ojos se muestra o se adivina,
¡tras ella va la humanidad entera!


Su risueño ingenio nos dejó un retazo de versos Siluetas médicas para congraciarse con sus amigos. No sabe uno si admiraba más al obstetra Hernán Arbeláez de quien dice que

…y enseña y planifica y aconseja
que si el humano, la emoción no deja
¡la vital explosión desquicia al mundo!


o si recordaba con envidia feliz al oftalmólogo Teófilo Bajaire cuando escribe :

…Y hoy en la cima piensa sin enojos,
con lógica sutil y humor muy fino
que no hay más transparente y cristalino
que adorar a las niñas de los ojos.

Ni podía sostener la risa, cuando convirtió la sabiduría popular en fresco poema en aquel soneto dedicado al dermatólogo Alberto Herrera :

Su mente diagnostica y escudriña
y por eso, mordaz, nos da un consejo :
para todos los males del pellejo,
el mejor tratamiento es… la rasquiña.

No es cierto - como opina alguno de sus críticos - que su poesía era fría y acartonada, como soldado medieval entre la armadura. (2) Bonilla perteneció y fue apreciado en una época -en la que todavía las reglas y los acentos ordenaban el uso de la imaginación-, diferente a la nuestra, moderna y sin las ataduras de la métrica y la rima.

Su poesía, de estirpe clásica, se caracterizó por su raigambre y sabor aprendido de los maestros de la edad de oro española. Nuestros oídos recuerdan la dulzura del versátil madrigal de Gutierre de Cetina, cuando Bonilla casi parafrasea en su soneto Ojos la melodía de las miradas admiradas:


Ojos hay soñadores y profundos
que nos abren lejanas perspectivas:
ojos cuyas miradas pensativas
nos llevan a otros cielos y otros mundos.

Ojos hay que las penas embellecen
y dan el filtro de celeste olvido
a los que al peso de su cruz fallecen.


Manuel Antonio Bonilla, también se apartó de las camillas, los remedios y consultas. Con su imaginación voló hacia otros ámbitos y mundos. Tuvo tiempo para dar rienda al corcel de su amor por la belleza que intuía en la poesía en otras lenguas. Tradujo del inglés y del francés y parafraseó pasajes que lo habían trastornado por su fuerza interior. Según Lino Gil Jaramillo, bastaría para llamarlo poeta con toda propiedad, el musical poema escrito sobre otro de Zamacois, Balada del Céfiro que comienza:



Un céfiro errabundo, soñador, vano y pillo
metióse de rondón a un vetusto castillo,
y ligero, confuso, besó calladamente
a una niña que hilaba silenciosa. …


Ni él mismo se definió ni sus biógrafos lo pueden comparar o alinderar en una corriente o movimiento. Su estilo no se parece al de nadie y en eso fue del todo original. Mezcla el lenguaje científico y riguroso de su profesión con fino tono de gracejo. Su poesía, sin duda, sólo se oía en salones de gala y en los pasillos de hospitales y en sus clases de colegio. Y su auditorio fueron sus amigos los poetas, los académicos, sus compañeros de blusa blanca y sus jóvenes alumnos. A la distancia, su voz sabe a bronce, a remedio del bueno, porque es nuestra, auténtica, de la entraña vallecaucana.

Plenilunio, se ha hecho el propósito de sacar del olvido a los poetas de la tierra, y por eso ha recordado a este médico y maestro muerto en Bogotá el 7 de abril de1949, que se dedicó ya a curar dolencias del cuerpo ya a crear lenitivos para el alma.




Bibliografía
(1) ARIAS, Juan de Dios. Historia de la Literatura colombiana. 5ªed. Bogotá : Stella. 1958. Págs. 235-6.
(2) GIL JARAMILLO, Lino. El Valle del Cántico. Escrutinio de poesía vallecaucana. Cali : Imprenta Departamental. 1973, págs. 23-29
(3) ORTEGA T., José J. Historia de la Literatura colombiana. Bogotá : Stella,. 1935, págs. 978-987
(4) ANDRÉS BERNARDO, Hno. F.S.C., Lengua y autores castellanos. 2ed. Medellín : Bedout. Colección G.M. Bruño. 1957. Pág. 149
(5) NORMAL E INSTITUTO INDUSTRIAL MANUEL ANTONIO BONILLA, Reseña histórica. Revista Lumen. La Victoria. Mimeo. 1991. Pág. 8
BONILLA R., Manuel Antonio. Sonetos Hipocráticos. Ibagué : Litografía Atlas. 1980
BONILLA R., Manuel Antonio. Siluetas médicas. Ibagué : Tipografía Atila. 1970
MARTÍNEZ M., Guillermo E. La poesía en el Valle del Cauca. Cali : Imprenta Departamental. 1954, págs. 289-306


TOMÁS QUINTERO, Canto al hombre y su tristeza
Cali, 1945-1978


A sus amigos, a Lilí, hijas y nietos


Así como la vida ofrece por etapas ciertos rasgos que configuran las diferentes épocas históricas, así la sociedad se desarrolla en grupos o conjuntos que reúnen ciertas características y forman como un círculo.

A Tomás Arturo Quintero le correspondió formar parte de una afortunada pléyade de intelectuales alrededor del ambiente universitario más pensante y beligerante en Cali, por la década de los 70. Junto al egregio rector de la Universidad Santiago de Cali, Álvaro Pío Valencia, al filósofo y autodidacta Estanislao Zuleta, a Antonio Sampson, al dramaturgo Enrique Buenaventura, al escritor Fernando Cruz Kronfly, vivió y fue líder en la formación de toda una generación de jóvenes que hoy pueden cotejar la impronta que dejó en ellos su legado.

Fue una época de fragor intelectual y de pugna por emerger triunfante en la confrontación de dos ideologías nacidas de las revoluciones de octubre y de Cuba . Ser joven y ser pensante obligaban a tomar partido frente a la situación de caos y violencia política en el mundo y en Colombia. Tomás Quintero cautivaba con su verbo a estudiantes propios y asistentes cuando llegaba la hora de su cátedra.

Su formación acendrada en los clásicos y en los poetas de la modernidad y su posición frontal en las ideas izquierdizantes delinearon en él un pensamiento denso y vigoroso. Su inclinación por el socialismo, como plataforma a favor de los débiles e inserto en la problemática mundial, lo caracterizó como un adalid entre sus camaradas. Fue su forma de vida y en ello disfrutaba. El concepto de amistad significó para Quintero la más alta cualidad humana. Y la guardó hasta la muerte, por eso la exigía. Así lo canta en Todos temen pronunciar sus nombres :


Caídos
o muertos
nadie lo supo.
No asistirán con nombre propio
para los libros o la historia
ni siquiera para el recuerdo de los camaradas
que sintieron su sudor al lado de ellos
ni siquiera para sus amigos
más íntimos
que ahora temen pronunciar


De estatura media, de aspecto juvenil con sus negro cabello al aire, con mochila y sandalias, rostro sereno, de brazos fuertes y velludos, con un cigarro en la boca y su palabra fácil, es la figura que guardan en su retina quienes compartieron con él sus escenarios : Ya como estudiante, ya como maestro de literatura, su especialidad, en la Universidad Santiago de Cali -en donde trabajó siete años y despuntó su fama- o como profesor de letras en la Universidad del Valle, en donde apenas estuvo dos años.

Sus estudiantes lo recuerdan con admiración por el bagaje de conocimientos literarios y por la vocación poética y política de que hacía gala sin esfuerzo. Era el maestro nato, de boca de oro, que todo estudiante quisiera haber tenido. Sus amigos de bohemia culta Ernesto Viera, Aníbal Arias, Julio Arenas, Adolfo Giraldo, Servio Figueroa y William Hinestroza, no daban descanso los sábados y domingos en La Habana Club al vino y a la poesía entre la risa, la música antillana y la voz de la inefable Piaff. Así quedó registrada esta imagen en el poema ¿Dónde están?


Dónde está la figura del último de los amigos?
dónde?
Dónde el seno mórbido que acarició mi mano
y aquellas manos que me dieron a beber
el amor y el vino?
¿Dónde la plaza solitaria
y el viejo organillero de pájaros azules
que me pronosticó amor y vida?
Ah! Pero quedan aún las calles
y mis viejos zapatos
y la mesa en aquel rincón
del bar,
y mi cigarro.


Su aparición en el escenario de la vida fue efímera, pero la huella que dejó es honda y dorada. Su muerte, como la de Silva e Isaías Gamboa, ocurrió de manera intempestiva y temprana. Infortunio lo robó a la poesía y a la vida. El 3 de junio de 1978, a los 33 años, las aguas de un río en Zabaletas, al sur del sur(1) cerca de Buenaventura, la negra, lo arrebataron cuando su corazón falló al tratar de salvar otra vida. Su amigo Arturo García lo recogió desnudo, -como él lo había soñado- y como se hace con los héroes. Inerte, lo sentó en el asiento trasero de su Renault azul y se acordó de la gesta española : lo cubrió con una sábana y lo llevó al centro de la ciudad como lo habían hecho los vasallos del Señor amado. En esos momentos Tomás era su Cid, en su Babieca azul, en el supremo triunfo. Lo presentía, de seguro, el poeta en su último escrito :


Alma mía
cuando muramos
que al menos sea desnudos
para poder cantar
con los niños negros
las verdades de la aurora.


A nosotros ha llegado su palabra. Hasta después de su muerte su forma de expresarse causó polémica. Sus poemas recogidos en el libro Venid a buscar conmigo la Muerte o la Libertad (2) no fueron del agrado de sus amigos.(3) Tampoco se salva de la diatriba el libro editado por su propia universidad, prologado por Vásquez Zawadski. De todas maneras sus poemas son una invitación a entrar en ese mundo interior que tejió con pasión, casi con rabia, pero del cual se desprende un perfume que huele a solidaridad y a ser humano.

Nació en el barrio San Nicolás, que se identifica en su ciudad como el más proletario y representativo de sus orígenes, “que se deshizo poco a poco/ como una nube blanca/ o como el humo”. Allí recogió sus sonidos, personajes, lugares y dibujó para siempre el imaginario cultural que se trasluciría en su talante y en su talento. Su poema Mi Barrio lo evoca :


Mi barrio

un día estuvo hecho
de carambolas y de sábados
de domingos de matinées con dulces y muchachas
de partidas de fútbol en las calles

Estuvo hecho de peleas
de cortada en los brazos
de cigarrillos perseguidos
por el policía de la esquina
de maricas adultos
de enormes prostitutas
de curas
de amaneceres colmados de beatas


La poesía de Tomás Quintero tiene el sabor inmediato a humanidad. No es abstrusa ni pretende ser intelectualista. Los temas que aborda son cercanos a la vida, al hombre, al amigo, al perseguido, al desarraigado. Por eso la tristeza que se adivina en sus versos. Palabras como olvido, sombras, ausencia, silencio, lejanía, nostalgia, cansancio entremezclan con frecuencia su pensamiento. Era un ciudadano del mundo, del que escribió sin haberlo recorrido y del que se despidió después de conocerlo entero, porque penetró hasta su dolor y lo quiso libre.

Cantó a Vallejo, a Víctor Jara, lo mismo que a Lázaro o a Cavafis, a Julio Roberto o al viejo bolchevique, a la putita de barriada o al amigo, al perro o a su padre. Muchos inviernos después de muerto, hoy lo recordamos en Plenilunio y en los ingratos límites del verso :


Tu silueta alejándose
en la tarde sin luz de algún febrero
tu rostro ya difuso en la penumbra
el deshabitado silencio de mi cuarto
y la placidez del vino, de este vino
que poco a poco me ausenta de tu canto.



Referencias :


Se tuvieron en cuenta aportes de su esposa Lilí, de los poetas Gloria María Medina y Aníbal Arias, los abogados Arturo García y Jaime Polanco y de Olegario Lotero, del INEM, quienes disfrutaron de su presencia.
Las palabras en letra cursiva indican que son autoría de Tomás Quintero o del autor citado en la referencia respectiva.
(1) ALVARADO, Harold. A la memoria de Tomás Quintero. En Semanario cultural. Revista de EL PUEBLO No. 135. 24 de diciembre de 1978. Pág. 5
(2) QUINTERO, Tomás. Venid a buscar conmigo la Muerte o la Libertad. 1ª ed. Introducción de Álvaro Escobar Navia. Cali : Departamento de Letras, Universidad del Valle. Sept. 1978. 220 p.
(3) VALVERDE, Humberto. Sobre el libro de un amigo. En Semanario cultural. Revista de EL PUEBLO No. 135. Cali : 24 de diciembre de 1978. Pág. 3.
LOZANO, Orietta y ZIBARA, Antonio. Poesía del Silencio. Antología. Tomás Quintero. Cali : Biblioteca del Centenario-Secretaría de Cultura y Turismo de Cali. 19… Págs. 11-17
GAMBOA, Octavio. Poesía del Valle del Cauca. Tomás Quintero. Prólogo y selección de textos de Octavio Gamboa. Cali : Editorial Pacífico. 1986. Págs. 189-196
ALCALDÍA DE CALI. Trabajos poéticos. Selección y prólogo de Carlos Vásquez Z. Cali: 1981.
QUINTERO, Tomás. Poemas de la ausencia y otros textos. Cali : Centro editorial Facultad de Humanidades Univalle. Marzo 1993.



HOMENAJE A POETAS PLENILUNADOS 2006


Plenilunio presenta en esta Revista Especial de fin de año, a algunos de los poetas que leyeron en alguno de sus eventos o publicaron en estas páginas. Es para su Consejo de Redacción un honor contar con la calidad de sus autores.

GLORIA MARÍA MEDINA JIMÉNEZ

Gloria María Medina, con quien iniciamos esta serie de mini-reseñas opusbiográficas, es poeta hecha palabra y voz. Caleña de nacimiento -1950- es una hija auténtica de las monjas pues desde que realizó sus estudios de primaria en el Colegio de la Sagrada Familia en El Peñón no se ha separado de su lado. Se graduó en 1974 en la Universidad Santiago de Cali como Licenciada en Literatura e Idiomas y luego en la Universidad Libre, como abogada en 1989. Es la voz que la representa en todos sus actos oficiales. Allí ganó su primer premio con la Carta más bella de amor en 1992 que la hizo merecedora a ser la Directora del Taller de Poesía.

En 1994 asistió al Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas de Roldanillo, Valle, que la ha distinguido con tres menciones de honor y el Primer Premio Nacional sin edición en 2003 por su libro Los Niños del Miedo. En Octubre pasado en Jamundí, Valle, el Encuentro regional de Poesía le otorgó el Primer premio por cinco poemas sobre el tema María, mujer de tierra.

Hace parte del Consejo de Redacción de Plenilunio, es su presentadora oficial y maestra de ceremonias en los eventos mensuales. Ha leído y publicado en las Revistas 7 a 10 de 2006 poemas de sus libros anteriores. En el libro inédito Retazos de Familia, Berta, la Maminka, un intento de retrato a su madre :


Soy una mujer que ha bebido
en el pozo de la sabiduría
no quiero pronunciar una palabra
si antes no se convierte en cofre
que guarda una verdad probada.


Sus últimos poemas están hechos a talla de cincel y martillo, como lo hacen los maestros escultores. Gloria María se erige como una voz feminista actual con la fuerza de una autenticidad sin estridencias. Así lo expresa en Llamada desde el laberinto No. 3 :


Él avanza en contra de todas las espadas

Desnudo deja su ropaje
se baña en mi laguna, para que
su espíritu se apodere de mi casa.
En el fondo de su sangre
conozco mi destino
y me encadeno a su cuello.




MARÍATERESA RAMÍREZ NIEVA

La poeta y declamadora María Teresa Ramírez hizo una apoteósica presentación
el sábado 4 de noviembre pasado en el evento mensual del Grupo de Poesía y
Arte Plenilunio con varios poemas suyos. Fueron coronados con una ovación que
por primera vez se oía en sus recitales. Para este Grupo es un honor contar hoy
en las páginas con poemas inéditos de su producción.

Nacida en 1944 en Corinto, Cauca, es una tromba negra de la poesía. Orgullosa
de su color y alegre como los tambores, los cununos y la marimba de la costa
pacífica, se constituye en una garganta que clama por la raza y la nacionalidad.
Rebosa energía y la contagia en sus recitales. En los Encuentros de Mujeres
poetas colombianas de Roldanillo, es siempre invitada para encender la fiesta en
la rotonda del Museo Rayo.

Licenciada en Historia y Filosofía de la Universidad del Valle, ha dedicado su vida
a la investigación de temas de la africanidad. Asidua lectora y, al lado de Diego
Álvarez o Sabas Mandinga, aprendió a amar la jitanjáfora y el ritmo del son en la
poesía negra de los clásicos caribeños Guillén, Palés Matos y los colombianos

Artel, Obeso y Martán Góngora. Es ella heredera de pura sangre, del lamento y el
vaivén de las cadenas y de las caderas que trajeron los primeros africanos a
nuestro continente. Así lo expresa en Qué bellos los negros somos :


Bellos, alegres y tristes, somos los negros ¡Sí, señor!

¡Mezclamos risas y llantos en el ¡Tam Tam! de un tambor.

El sol nos prestó su capa, la noche nos dio color,

¡qué hermosos los negros somos, qué bello es nuestro color!



EDUARDO LUNA


Eduardo nació con la Luna en su ser en Palmira, Valle, en 1962. Sus padres son Julio, ya fallecido y su madre Alba Lucía. Tiene un hermano : Juan Carlos. Estudió Licenciatura de Historia en la Universidad del Valle y se graduó en 1990. Desde muy joven se encontró con la poesía y se acercó a ella en la lectura y la escritura. Bebió su néctar y fue nutriendo su interior con los grandes maestros. Asistió con temor y respeto a recitales y conferencias para comprender que la poesía es un arte difícil. Hoy, cuando se presenta en público, quien lo escucha piensa que Eduardo Luna escribe con facilidad. Detrás de su idea y sus imágenes hay profundidad y peso. Hay misterio, novedad y contacto con la vida, y un poeta que va delineándose con fuerza.

Ha publicado en la Revista Plenilunio No. 8 los poemas : Esa guitarra, En sueños he cruzado una calle, Para el Camino, Era y Tú. Los sueños son una imagen que salta y canta en sus versos :




Esa guitarra sonó en el alma
de un sueño de amor
que nunca quiso despertar. …
…sueño atado a su sonrisa
mientras me llevas de tu mano.

Era lo infinito de un sueño,
era la belleza de lo imposible
era una tierna tentación.



No.
No podía haber nada entre nosotros.
Su alma era de nieve y yo, era un sol.


DIANA VALENCIA

Esta joven soñadora nació en la muy noble ciudad de Popayán, Cauca, en 1979. Ejerce el don de la palabra literaria desde los siete años de edad. El primer borrador de lo que pudo ser su primer libro, fue defenestrado a la basura del mundo por su hermano. Terminó sus estudios de bachillerato en el Gimnasio Los Farallones en 1995. Se graduó en Comercio Internacional en la Universidad Cooperativa de Colombia en 2002.

Para no sepultarse entre el capitalismo salvaje y el consumismo, dedica su pensamiento y su tiempo libre a las letras y al humanismo.

Ha leído y publicado sus versos con el Grupo de Poesía y Arte Plenilunio varias veces. En la Revista No. 8 aparecen los poemas : Lo que yo veo, Mundo erótico , Desafinado, Mi poema que pueden recoger el estilo de esta poeta payanesa. Se burla de los falsos amores en el primero de ellos :


Veo un cielo
con millones de amaneceres
que penetran otros sueños

Y veo al que ayer
me abandonó.
Lo veo.

Definitivamente,
inevitablemente
es ciego.


Y en el segundo, un inexistente, pero sensual erotismo aparece como en muchos de sus poemas :


Tu cintura
alcanza la velocidad máxima
en mi cuerpo.
Hace que la seducción
dispare nuestras mentes
hacia otro mundo.

Otro mundo, sí…
Un mundo erótico
donde tu cintura es la entrada,
pero aún no encuentro la salida.


En el tercero, sigue con el mismo tema del primero :


Nuestro amor está fuera de tono…
El bajo se apagó
y el círculo simple del sol
se complicó.

Nuestro amor está fuera de tono…
y no quiero entonación.





MARÍA DEL MAR MOSQUERA

Aunque tiene cara de niña ya es toda una mujer poeta. Nació en Cali, el 2 de diciembre de 1988. Desde muy temprana edad estuvo regida por los colores del arte, pero al inicio de su bachillerato en el Liceo Benalcázar de Cali una maestra poeta descubrió en ella el don que los dioses del Olimpo conceden a sus elegidos. Gloria María Medina regó esa flor de la poesía y hoy al filo de sus 17 años ya produce frutos de sabor a lágrimas y nubes.

Se inició con unos versos para hacer su autorretrato, pero hoy María del Mar titila con luz propia en los cielos y sus labios destilan lluvia, mar, sol y aurora. Publicó en la Revista Plenilunio No. 7 y leyó para asombro de los asistentes en el preámbulo del XVI Festival Internacional de Poesía de Cali.

De los cinco poemas publicados, dicen lo que ella es : sorpresa, frescura, seguridad. Con Yo, Marchitar, Guardián del sol debutó en sociedad para hacerse conocer. Un fragmento de su Yo :


Cada vez que quiero llover
Muero.
Las gotas se van.
Tienen motivo.


Algo es cierto :
Sin ellas
no sería lo que soy :
Una lágrima.


Su mundo de hadas y el ambiente de las sombras se refleja en Damisela de la noche y Mi Pequeña oriental :



Dama del océano,
cristal de mi esencia,
reflejo de la luz,
origen del fuego,

Llueve tus caminos
de granizo y nieve

Su mirada de niño humano
trasmite la inocencia de su mundo y…

Como flor de mar
recorre su vida
junto a su Ceiba de paz.



LUIS ESTEBAN PATIÑO CRUZ

Luis Patiño nació en Trujillo, Valle, en 1945 “cuando los tambores de los ejércitos tocaban el final de la guerra”. La violencia lo obligó a abandonar su terruño, y su adolescencia estuvo marcada por el autoexilio a Europa, lejos de su familia de ocho hermanos. Su hijo adoptivo también fue sacrificado por el monstruo de la violencia del país. Ya en su edad madura empezó su labor literaria y la poesía ha sido su razón de vivir. Hoy, después de 32 años de matrimonio, vive con su esposa y con sus versos.
Su poesía es vivencial. Es testimonio de su día y día, retrato de la dura realidad. En Odisea inconclusa resume su existencia :


Vengo de mi peregrinar
cansado,
cansado y expectante
a suplicarte
me concedas tu espada justiciera

para lograr de mi país
la primavera.


Luis Patiño publicó en las cuatro revistas Plenilunio del año 2006. Sus títulos dicen de sus anhelos, su lucha interior, su dolor ancestral. Canto a un amigo que jamás vi, Estación, Novios, Ciudadano ejemplar, El perro del capataz, Seguridad, Pescador, Joven con tu siglo, Mis manos, Amanecer, Una luz que resuena, Invasora, Pies de ternura. También le queda espacio para el humor en Invasora, No son celos, La lluvia, Por mi culpa, Mujer sonriendo o Hastío :



Una hilacha del corazón
se arranca.
Sonriendo partes.
Miras cómo las lágrimas
desde mis ojos
intentan,
cobardes,
retenerte.




MILTON FABIÁN SOLANO ZAMUDIO

Fundador y Director del Grupo de Poesía y Arte Plenilunio, Milton Fabián Solano, se dibuja como figura promisoria de la poesía del Valle del Cauca. Autor con cuatro libros publicados, melómano por herencia paterna, tiene el sol en su frente y la Luna por hija. A su corta edad de 27 años que cumplirá el próximo 25, posee una trayectoria difícil de emular en estos tiempos de recesión social.

Psicólogo de la Universidad Cooperativa y asesor de varias entidades, endulza su trabajo con bocanadas de poesía. Su trabajo poético es extenso y el oficio cada vez lo va acercando a la cima en donde habita el supremo numen. Su último libro Liansirú confirma la versatilidad y facilidad que ostenta para crear palabras e imágenes nuevas.

Este año ha publicado en las Revistas 7, 9 y 10 de Plenilunio. Paradojanza, Sordera de negación, Senti-dos, Queja-risa, Lunabril, Escrito con vino tinto, Encinta son los títulos de algunos de sus poemas. En Selenescencia su obsesivo amor por la luna se descubre:


Busco entre los rostros.
No te hallo.
Había olvidado
que subiste a la noche
para darle nombre al encanto suspendido
de una idílica piedra.


En Por Roldanillo, mientras escuchaba la poesía en el Encuentro de Mujeres colombianas, su inconsciente lo remite a las alegorías profundas y su alma de poeta les da forma de palabras :


Te busqué,
desnuda te transformaste
y diste a tu piel el seudónimo
de Magdalena
para dejar sangre en mi alma.






YOLANDA DELGADO DE TENORIO

Yolanda de Tenorio nació en Restrepo, Valle, el 15 de marzo de 1945. La violencia
que hacía estragos en la región, hizo trasladar su familia a Palmira en donde
residió hasta los 15 años. Allí realizó estudios de Comercio que le permitieron
trabajar luego como secretaria.
Se casó con José David Tenorio y de esta unión quedan dos hijos : Luis Felipe,
comunicador social y Marcela, Neuropsicóloga.
En 1997, después de 40 años de oscurantismo, - como ella califica su vida
escondida, dedicada a tener hijos, criarlos y acompañarlos -, terminó estudios de
bachillerato y se empeñó en matricularse en la Escuela de Literatura de la
Universidad del Valle. Allí obtuvo su título de Licenciada en el año de 2004.
Presentó como tesis de grado la novela de corte feminista, dirigida por la escritora
Carmiña Navia Sería capaz de matarte, aún inédita.
Asiste al Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas de Roldanillo, Valle, en 2005.
Ha frecuentado talleres con William Ospina, Omar Ortiz y Henry Posada. Escribe
poemas de temas que cortan vidas y venas. De ¿?


¿Y el amor?
¿qué es eso tan amorfo, tan sutil,
tan doloroso e invisible?
¿Por qué hiere como cuchillo?
¿Por qué crece más allá del fuego,
más allá de las manos?
¿Por qué lastima?
¿Por qué olvida?


Leyó por primera vez sus versos en un recital del Grupo de Poesía y Arte Plenilunio que le ha publicado en la revista No. 10 sus poemas: Palabras vacuas, El último amor, ¿Quién soy?. De No, no, eterna, no :


Yo prefiero extinguirme
como el fuego
y ser ceniza,
ser como una brizna destructible,
pasar como el tiempo.
Sin dejar ni música, ni recuerdos
ni lágrimas. Silencio.

Que no me preceda nada
ni la sangre en el hijo
ni la herencia, ni el gesto.



GLORIA CEPEDA VARGAS,
colombianista, pensadora y poeta


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy



Gloria Cepeda Vargas es una mujer de fibra gruesa. Parece nacida en la sierra o en la mitad de una guerra. Y por sus venas corre caliente sin pausa la poesía. Tiene en su frente el sello de la palabra, dura, como hierro candente sobre la injusticia. Ese fue el bautismo que desde el vientre materno la consagró.

Nadie hubiera barruntado que en aquella chicuela, un tanto escuálida y morena, había un manantial de donde la poesía brotara espontánea y sin esfuerzo. Ella confiesa sin vanidad que siempre ha pensado y escrito en verso. A los tres años su madre Mina, fotógrafa, autónoma e impaciente, la veía correr por la casa con su naricita afilada y sus pómulos prominentes repitiendo unos versos que nadie le enseñó. Se los dedicó a su padre a quien su madre llamaba gato marrullero porque todas las noches salía a jugar billar en la vecindad:


Este es un gato que estaba
de cocinero en un billar
y decía manzanilla, manzanilla
y no lo podían olvidar.


Gloria María Cepeda nació en Cali el 16 de mayo de un año que ella ha colgado del brazo del olvido. Después de peregrinar por Armenia y Buenaventura, en donde su madre la confinó de cuatro años al kinder de Estercita Patarroyo, porque era una niña insufrible, peleona y desobediente hasta más no poder, de siete años, llegó a vivir a Popayán, ciudad a la que ha quedado unida como a cordón umbilical. Allí entró al colegio-convento de las salesianas a estudiar. Comió deliciosas galletas, pero nunca pudo digerir a la santísima Trinidad.

A los 13 años, recuerda, se escapaba de las clases pues los versos le brotaban a borbotones y el río de palabras no se aguantaba en su garganta y tenía que ir a casa a escribirlos. A los l8 años, después de cursar cuarto de bachillerato interna en el colegio-fortín de monjas en Silvia, Cauca, como cualquier insensata que se respete, se casó con el venezolano Francisco Cabrera quien se la llevó para Caracas. Venezuela, es su otro amor del que no se separará ya nunca. Gloria tomó para sí los versos de Billo Frómeta, en Mediodía en Caracas : “Para cantarte a ti puse al arpa/todas las cuerdas de oro…”. Allí en cinco años, tuvo cuatro hijos entre carros desbocados, teteros, pañales, y madrugadas que peleaban con su adolescente corazón. Después de 30 años de casada, se divorció de aquel hombre que la vigiló sin tregua durante más de 25 años. Lo recuerda hoy en el poema ¿Fue? de Caracas en el viento, uno de sus tres libros inéditos :


¿Fue eso morir?
Los días sin cabeza
mi frente de veinte años
surcada por un río de ceniza.
Un perro de mil ojos
vigilaba
libros que me querían
sin poder confesarlo
un siglo o un minuto
verdugos de mi flor.
¿Fue eso vivir?
¿En qué rincón de aquella
casa ciega
te quedaste
muchacha?


Así como Gloria Cepeda se declara caminadora irredenta de una ciudad –su amada Caracas- que no le ocultó sus secretos, también se reconoce (1) hija de La Poesía, esa palabra omnipotente y firme, que a pesar de los años y los ríos crecidos, me nace y puebla, más implacable cada día :


Ábreme tus brazos, Poesía
y deja que tus aguas me calcinen.
…En tus aguas ilímites
como una flor de espuma
viaja mi alma.


Así, entre el trasegar, la independencia, la intemperie de su suerte y la dulce compañía de la escritura ha vivido esta mujer fuerte como un batallón de palabras.

Murieron de viejos y de tradiciones sus padres y murió bajo la boca de un fusil artero su hermano Manuel en 1994. La lejanía de sus hijos, la ausencia del país que la adoptó en su seno y el dolor por la muerte injusta de su hermano la acompañan en la esquina de la calle 17 en Popayán desde hace 11 años que volvió a Colombia.

Quien conoce a Gloria Cepeda ve en ella la estampa de la mujer enhiesta, sin rebozo, con palabras por riqueza, amistad por don y tristeza por la patria. Si en ella hay memoria es para recitar sin pestañeo versos y párrafos o capítulos enteros de su autoría o de los maestros del idioma. Si en ella hay memoria es para acordarse de la justicia que se quedó en los libros, en los héroes y en la historia, pero que abortó en Colombia.

De cara recia y ademanes resueltos, Gloria deja entrever el carácter indómito de una mujer de fácil conversación, cristalina en el manejo del idioma y poseedora de una escritura que atraviesa los recovecos del laberinto de la realidad y la fantasía.

Gloria María Cepeda tiene dimensión continental. Su pluma ha extendido su tinta y sus colores por toda América y también Europa ha sentido su carne herida a través del Internet.

Su obra es extensa, pues su vocación de escritora es tan ancha que rebasa su faceta de poeta y su pluma prolífica ha llenado espacios en periódicos escritos y virtuales. Autora de ocho libros de poemas y de cientos de artículos sobre temas literarios, sociológicos y políticos, es reconocida por su estilo directo y punzante. Pertenece al Círculo de Escritores de Venezuela en donde inició el ejercicio público de las letras. Hoy, en Popayán, ciudad que la considera su hija adoptiva, la Cámara de Comercio le acaba de honrar con el título de Personaje Cultural del año 2006. Sin embargo, ni su tierra natal ni Colombia le han reconocido su tenaz capacidad y el aporte a la vida de la palabra castellana por más de 50 años.

Escribió su primer libro de poemas en 1954, Bajo la estrella. Sus versos son fáciles dedicados a sus padres y a su esposo. Tienen una clara influencia modernista, aunque también deja ver su gusto por el clásico soneto. Sentimientos de joven, encontrados y confusos se entreveran por doquier. La tristeza, los recuerdos, las promesas, el escape de la realidad son temas recurrentes. Como en Confesión (3):


A ti te debo esta alta melodía,

y te debo también esta tristeza
infinita y lejana, que me empieza
cuando muere la tarde entre mis manos.
O en Azul :

Azul la inmensidad ultramarina
y azul mi corazón en este vuelo
de gaviotas… azul como el desvelo
el azul horizonte que se inclina
a besar el oleaje, en una fina
explosión de zafiros…ritornello
de recuerdos azules como el agua…

o en Todo lo fuiste para mí :

Al conocerte, mi alma soñadora
-nave sin capitán ni timonel-
sintió el deslumbramiento
de quien ve el mar por la primera vez.

Pensar que fuiste tanto…,

pero tanto en mi vida…
adoración… dolor

… ¿qué no te di?
y hoy, ni siquiera nube,

… solamente un recuerdo.


Su segundo libro Poemas de los hijos -1960- parece que fuera un sucedáneo para la soledad que ya la embargaba. Es testimonio de la solicitud y entrega a cada uno de los hijos que apenas iniciaban la vida. Registra hechos como la enfermedad, los juegos y las rondas, el estudio, su vestido, los primeros pasos, la inquietud por su futuro. Libros, Ronda, Sueño, Zapatitos negros, Enferma, Tengo cuatro soles, El castillo de arena son algunos títulos. Encuentra, sin embargo, espacio para contar su inconformidad en Esta noche…(4) :


Esta noche se tiende bajo el cielo
como una mujer pálida
llena de lejanías y recuerdos
y de impalpables lágrimas.

Noche para creer en la mentira,
maravillosa y blanca,
erguida sobre globos de colores
de regalo de pascua.


El dolor por el asesinato político de su hermano le compele a escribir Carta a Manuel, -1994- una serie de 14 elegías en las que se vierte en canto maduro a su alma gemela muerta. Hora de cantar expresa su impotencia y aviva la esperanza :


Es hora de cantar
ya hemos llorado
tanto que un largo río
espejea a lo lejos.

Es el tiempo
de cantar a tu cielo de turpiales
a tus pies caminantes
a tu empeño
sembrador
a tu diálogo
sostenido en cuclillas
con las hormigas y las mariposas.

Voy a traer la caja de Pandora
y a abrirla nuevamente
para que salga a recorrer el mundo
tu esperanza de botas incansables.


En 1995 Gloria se hace merecedora del Premio de Poesía Jorge Isaacs de la Gobernación del Valle del Cauca con su libro Cantos de agua y viento. Este libro contiene 39 poemas de alto vuelo lírico en el que se destacan Mea culpa, Canción por el invierno, Monólogo, Noche porque en ellos deja ver su ser de mujer completo. La poeta tiene un sello único con el que rubrica su producción. Es un lenguaje del más refinado crisol castellano y sus imágenes permiten viajar con ella y degustar las alturas del Olimpo.

Quien entre a leer su libro En Colombia y Ahora -2003- tendrá una sensación sobrecogedora: puede parecerle que ha ingresado a un santuario de tristeza y desolación. Ángeles con alas sangrientas ofician y en el coro una sinfonía de dolor y espanto es interpretada por ruiseñores con gargantas roncas. Aquí la poeta rinde homenaje a Colombia y en 39 poemas escribe la última parte de la historia de esta patria, que lacera el alma a Gloria y le hace cantar despavorida, como en Huérfanos:



Crujió la tierra


se cerró el camino
el rancho destruido
quedó como una herida bajo el sol.

Lo que duele es el ángel perseguido
ese colombianito
que demasiado pronto
empezó a caminar.


Gloria Cepeda tiene guardados en un cuartito fresco tres libros inéditos. Uno escrito al más romántico de los caballeros: don Alonso Quijano, De la vida y del sueño, en doce sonetos maestros de castizo sabor y lenguaje, que nos remiten a Calderón de la Barca y a Quevedo. Otro, de tono sublime, 32 cantos, en el que parece redactar el inventario de sus recuerdos: Canciones de la noche, la confidente de sus sueños. Y el tercero está escrito con su pluma en el papel y su corazón en Venezuela : Caracas en el viento, en el que se deleita recreando, en el más puro lirismo, los 40 años que allí pasó. Aquí, del poema Cuando vuelva :


Cuando vuelva a Caracas

Los árboles
una vez más me entregarán la luna
me beberé de un trago lo que queda
y rastrearé la juventud en fuga
sobre los techos de la madrugada.

Contigo fui cantando
hasta el crepúsculo
fue andar sola
sin cortarle las alas
a mis alas.
Así será otra vez
cuando regrese
a tocar a tu ventana.


PLENILUNIO termina este homenaje escrito a una de las grandes poetas de Colombia quien sólo conoce la vía que la conduce a Roldanillo cada año, en donde la acoge su casa que la ha adoptado como Almadre –gran madre y maestra- en el Encuentro de Poetas Colombianas y que escogió a Popayán por refugio y vive allí en el anonimato, condición que sólo soportan los seres con destinos inmortales.


NO SÉ

¿Quién soy, de dónde provengo
y por qué me seduce la fiebre estética
con sus aventuras e interrogaciones?


Jean Aristeguieta


No preguntes ahora
corazón que navegas
bajo esta piel quizá
cansada de asomarse al mismo río.
Tampoco sé de dónde
llega el rumor que gira
como si fuera viento
de días sumergidos.
No sé de dónde vengo
sólo que reconozco
el imán de los astros
Sólo que escucho viejas letanías
y recorro incorpórea
una aldea que calla para siempre.
No me preguntes lo que tú tal vez
sabes mejor que yo.
Tu vela no conoce
la voraz amapola de la sangre
tus caballos indómitos
se pierden a lo lejos
con la luna en el anca.
Todo lo vives. El conocimiento
de la vasija cósmica
se te entregó en santuarios olvidados.
A tu lado soy eco
deslucida sonámbula
arena que llegó
a integrarse a estas playas
y que ahora transita
cada día más lejos de la muerte
más cerca de la vida.

Gloria Cepeda Vargas
En: Cantos de Agua y Viento. 1995. Premio de Poesía Jorge Isaacs.




Nota: La cursiva indica que el texto fue tomado literalmente de la autobiografía de la homenajeada.

Bibliografía tenida en las manos y leída en su totalidad :
(1) CEPEDA VARGAS, Gloria María. Notas autobiográficas. 2 p.
CEPEDA VARGAS, Gloria. Por Maruja Vieira. Notas biográficas.
(2) CEPEDA VARGAS, Gloria. Poemas del exilio. Prólogo de Águeda Pizarro. Roldanillo : Ediciones Embalaje, Mueso Rayo. 1999. 38 p.
(3) CEPEDA, de CABRERA, Gloria. Bajo la Estrella. Prólogo de José Ignacio Bustamante. Ilustraciones de Manuel Cepeda. Popayán : Editorial Universidad del Cauca. Primer volumen de la Biblioteca de Autores Caucanos. 1954. 58 p.
(4) CEPEDA de CABRERA, Gloria M. Poemas de los hijos. Popayán. Talleres editoriales del Departamento del Cauca. 1960. 56 p.
(5) CEPEDA VARGAS, Gloria. Carta a Manuel. Popayán : Andina Multimedios. 1996. Tiene una nota : escrito después de la desaparición de su hermano Manuel el 9 de agosto de 1994. 46 p.
(6) CEPEDA VARGAS, Gloria. Cantos de agua y viento. Cali : Gobernación del Valle del Cauca. Gerencia para el Desarrollo Cultural. Premios Jorge Isaacs. 1996. 60 p.
(7) CEPEDA VARGAS, Gloria. En Colombia y ahora. Bogotá : Apidama Ediciones. 2003, 62 p.
CEPEDA VARGAS, Gloria. Inéditos.
CEPEDA VARGAS, Gloria. Caracas en el viento. Libro inédito. 30 poemas. 27 p.
CEPEDA VARGAS, Gloria. Canciones de la noche. Libro inédito. 32 cantos. 17 p.
CEPEDA VARGAS, Gloria. De la vida y el sueño. Libro inédito. 12 sonetos. 6 p.



MARGARITA LÓPEZ DÍAZ,
JAGUARA, MAGA Y POETA



Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

A Marga López Díaz la vieron nacer las montañas del Oriente antioqueño y sus eucaliptos, pinos, yarumos y robles le regalaron el aroma que exhalan hoy sus versos. Surcan su frente las líneas que el horizonte deja cuando el astro se convierte en arrebol. El aire del clima frío de La Ceja y su paisaje viven en ella, en su propia alcoba. Es una mujer con el embrujo de la noche y el candor de la alborada. Su voz ora se escucha como el zumbido de jazz ora como turbión de cascada. Su imaginación es caja de Pandora en la que bullen mariposas y colibríes, flores y orugas, música y danza. Su casa es refugio de libros sabios, con muchas arrugas y canas. Allí se detuvieron las hadas y los ángeles se quedaron porque el ambiente que se respira es el de un paraíso.

Habita en una casa encantada con su tía y sus hermanos, la acompañan duendes, libros, fotos, olor a jazmín, discos, pasillos y columnas, el paisaje con caballos y el recuerdo de sus hijas. Las ve a ellas como ángeles y las evoca en Iglú :



Ahora que las hijas se han ido para la ciudad,
vacío el aire familiar,
más las acerco.

Ahora que las hijas ya se han ido
del fresco valle de los tahamíes
al hondo valle de los aburraes
y las brumas del alba
no entran por las rendijas
de sus armarios,
bien comprendo
los hilos al regreso de las placentas.
Placentas dulces que me como
-dulce mascar de hielo incandescente-
en amoroso rito
para cerrar el ciclo.

Ovillos que devuelvo
en una gran placenta
protectora
de cielo
y de leche.


Mientras el jazz baila por en medio de la mansión, Cuando los santos marchan, de Louis Armstrong, ella dice : Amo a la capital paisa, pero lo mejor que tiene es un bus que venga para La Ceja del Tambo. Marga es como la réplica de la hechicera de Cumas de quien se dice que nació con el don de la profecía y hacía sus predicciones en verso. Cuando entra en recital, su figura se acrecienta, se transfigura su rostro y su voz salta exultante como un río.

Así es Marga López Díaz, hija de mamá Rosa Emilia, artesana y tejedora de sus sueños, que se fue en 1999, y de Emiliano, su padre, cantante, inventor, escultor con chatarra. A su madre le escribió en el poema lacrimoso A ella:

Ella va
de su luz llevada
y danza.
No camina.

Cuánto habrá recordado dormida
su refugio del vientre
sus paredes de agua única
para todos sus hijos.
Siempre ella tan ahí
tan puntual a la risa
y al enojo.
Tan comenzando.
Tan mía.
Ahora está quieta en el lecho
la que andaba la casa.


Sus hermanos, también como ella, son juglares que cantan y sueñan. Siempre se recuerda en una infancia feliz, en La Ceja del Tambo y en la vereda de Llano de Ovejas en San Pedro de los Milagros, cuya Basílica alberga una copia de la Pietà de Miguel Ángel. Estudió en el Colegio El Carmelo y allí se graduó de bachiller. Guarda como una eterna impronta la imagen que la hermana Miryam Taborda, su profesora de literatura, dejó caer en su imaginación de niña : Los gorriones que bajaban a beberse el cielo en el agua del brocal del pozo. Esa perla de imagen, como un broche se quedó prendida en ella y le ha durado todavía hasta hoy. Como leona de Kalahari, celebra y recrea todos los días su niñez: Defiende su derecho a recuperar su armonía con la naturaleza y la alegría. Lo canta como una ronda trenzada en manos en El Poema de Melissa feliz :


Yo soy Melissa y Sara
Pablo Julia Ana Juanita Elena.
Soy los niños que crecen a la luz de su pueblo
y soy todos los niños de la tierra.

Creo que la felicidad es parecida
a nosotros los niños
jugando en el recreo de las diez
en el patio de la escuela.
Que la alegría tiene que oler a nidos
a las hojas de árboles y libros.


Huele a pinos a mangos a campanas
a nubes a tareas y a eucaliptos.



Quien conozca a Marga sabe que no puede estar quieta. Fue maestra en colegios, dirigió la Biblioteca de su pueblo, escribe, dirige talleres a niños, poetas y campesinos, como Aluna, que ya completa 18 años. Cada año Roldanillo hace fiesta en Semana santa y en julio cuando en bandadas las poetas van tras ella y su magia hecha palabra. Lo que más le gusta ahora es su actividad radial. Charlas en el Bosque del Bambú, es el nombre de uno de sus programas que ha diseñado para viajar sobre los acontecimientos, y Tierra Labrantía en la Emisora de La Ceja en el que divulga y comenta con poesía la música andina colombiana. Su casa, cada mes, se convierte en hormiguero de poesía. Los niños de las escuelas de las veredas vecinas, los campesinos o poetas van hasta allí para ensoñar, escribir y hacer teatro.

Marga es una mujer cósmica. Sus temas en poesía, su lista de autores, su mirada, más allá del horizonte, lo dicen. Águeda Pizarro la considera “poeta tan colombiana como extraterrestre” (1). Ha estado en Managua en donde vivió cuatro años y considera a Nicaragua como su segundo país. Brújula de Zahoría así lo dice:


Va de viaje mi alma
regocijada
como una chavalita
de Juigalpa.

Va de viaje mi alma
- Nicarita vestida
de cotona tejida -
hacia tu corazón de sorgo
y jauya
¡Nicaragua!

También viajó a Lima a representar a Colombia en la Feria del Libro en 2006. Pero su pensamiento y su quehacer intelectual la hacen ciudadana del mundo. Ha subido con Ezequiel al cielo, ha sido llevada por un Siluro, el pez ciego, por el agua madre oscura y ha corrido por las estepas al sol con los Ñúez del Serengueti.

Sobre pupitres de escuela y canapés antiguos reposan, con las hojas aún abiertas, libros de Kawabata, del surrealista Nerval, de Novalis, Keats, Gaston Bachelard, Lin Yu Tan, Lin Si, Cortázar, Borges, filosofía de Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein, pintura, música, clásica o colombiana o jazz. La literatura oriental produce en ella especial fascinación por la abundancia y viveza de sus imágenes. Algunos libros casi incunables están esperando a algún curioso lector : La Alegría de leer, de Evangelista Quintana, la Historia Sagrada de G.M. Bruño, La Urbanidad de Manuel Antonio Carreño, editada por Mogollón en Cartagena, el Diccionario de la buena educación, de palabras cultas y escogidas, editada en París en 1883 en la imprenta Lève. No podía faltar Frutos de mi Tierra, del antioqueño Tomás Carrasquilla, editado en Bogotá por Librería Nueva en 1896, o Pigmalión de Bernard Shaw editado en 1952. Sus autores más amados son nuestro crédito colombiano Gabriel García Márquez y, por supuesto, los clásicos castellanos el de Lepanto, Manrique, Garcilaso, la de Ávila y Juan de la Cruz.

Pero, Marga López es una hacedora de poesía y sus versos levitan como sus oyentes en recital. La ensoñación de su infancia, de sus lecturas y vivencias, la sensibilidad estética con que produce su poesía y el gesto hierático de su figura, hacen de ella una mujer magnética que contagia a quien toca. Su poesía sabe a placenta, huele a sándalo hindú y su pócima alivia al alma. Buscadora de tesoros poéticos viaja por el idioma en busca de la palabra sonora, del eco sin nombre, de la raíz más honda, de la imagen virgen, o del jaguar escondido en el jazz de Bill Evans. Y con la varita de su radiestesia mágica los descubre o los crea.

Sentadas en el suelo
junto al piano
las mujeres de Omoro
las mujeres del jazz
viajamos en la vibración de la cuerda
del lago Nyassa

Todas nos levantamos
lentas
iniciadas
y buscamos las máscaras designadas
para el Ritual Senufo.

Vacías del afuera
nos convertimos
nos alargamos en jaguares
desdoblados

Ha publicado sólo tres libros. Alojos de transparencia, -1990-, Murumsamas, -2000- en el Encuentro de mujeres Poetas colombianas en el Museo Rayo de Roldanillo y el tercero lleva por título esa misma misteriosa palabra arhuaca, en singular, Murumsama, que significa esencia resguardada en el aluna de la tierra y del cielo.(2) Pero cada año y en cada taller ella es un libro que se imprime en quien recibe el sello de sus labios.

Sus libros guardan para el lector sediento el néctar que ella extrae del idioma. A más de poemas hallará un manjar de palabras preparadas sólo por quien tiene el poder del narrador omnisciente que recorre y devela inauditas e inefables dimensiones. Como una alquimista, da nuevas formas a las cosas que evoca : hablaje, aleluyada, bienobranza, arroyada, aleo, sembradura, lagrimado, aisladura, humildosa, funambulera, enzolvada, cántara son palabras-joyas que va engastando en su canto para crear la melodía sacada de su nido.

De acuerdo con Nietzsche, Marga López cree que el poeta debe descorrer el velo para descubrir la esencia. Ella es la cámara de su hermano Sergio, que re-trata la tarde, el día, la dimensión, la raza, y los enfoca para capturar su luz, su alma, su tristeza, como cuando evoca al idílico poblado de Damasco :

Por eso cuando yo digo Damasco
me atardece de siempre clara y firme
la vida.

Y se aroman los ojos y el alma
con la visión amada
de una calle tranquila.

Ella ha podido ingresar a la alcoba de Perséfone y tras el velo del tiempo ha escuchado los amores presentes en el dintel de la puerta y entre la sombra fresca :
La niña boba
es aseada por la enfermera
mientras contempla
una ventana alta.

La enfermera la peina
y le habla,
ella tartamudea
y se fija en los rincones del techo
donde viven las gracias invisibles
y el meritorio estar ahí
sola
contenta de la hora
en la simplicidad de su aire,
contenta de su estar
en el obrar de su apaciguamiento.

En este azogado recorrido por la vida y obra de Marga López, algo se ha adherido al aire y a los pliegues del oído. Y el alma reclama el eco de su palabra impresa en nuestros tímpanos. Parece que su poema nos oyera y nos repitiera la presencia del ojo antiguo en El Hallado. Como si alguien pidiera a los labios de Plenilunio en la despedida a su homenajeada, estos versos aparecieron en dos sábanas blancas :

Nadie regresa el mismo después del viaje.

Nadie regresa el mismo después del sueño.

Una presencia de ojo antiguo
inmóvil
ha velado el reposo.

La escritura de un verbo
puede abrir lo ocultado.

El poema desdobla
pliegues cerrados.

Nadie regresa el mismo después del verso.
Más allá de lo simple
está la gran simpleza.

Nadie regresa el mismo después de verse.

La visita a Marga López no ha terminado. Su palabra tiembla aún en el aire y su perfume lo ha impregnado. Esta sensación de magia perdura y el corazón comprime versos, imágenes, voces que abren paso a la ilusión de caminar otra vez, -juntito-, a su lado con sus alados seres.

Cali, febrero 26 de 2007. 5:19 p.m.





Bibliografía

(1) LÓPEZ DÍAZ, Marga. Murumsamas. Prólogo de Águeda Pizarro. Ilustraciones de Rocío Alejandra Santacoloma. Roldanillo: Ediciones Embalaje. Museo Rayo. 2000. Pág V.
(2) Ib. Prólogo. Pág.III.



DISTINCIONES OTORGADAS A LA POETA

-Mención honor. Concurso Internacional de Poesía Xicoalt. Salzburgo, Austria. 1994.
-Mención de honor. Concurso Internacional de Poesía. Revista Aldea Poética. Madrid, España. 1996.
-Reconocimiento como Poeta Nacional. Título de Almadre en el Encuentro de Poetas colombianas. Museo Rayo, Roldanillo, Valle, Colombia. 2000.
-Personaje más Destacado en la Cultura del Oriente Antioqueño. Cornare. 7ª Feria del Libro Ambiental. Medellín. 2001.




POEMAS


ABEL



Abel subía
hasta la cima del otero
a ofrecer la primera oveja
grata al Señor.

El animal sabía del sacrificio
y llevado en sus brazos
le miraba en la lumbre
confiado.

Todo su ser de oveja
se acomedía
al corazón de la rama.

Ya uno solo
aromaban el cielo de romero
t la sangre ovejuna
ascendía
en auroras de adviento
transfigurada.

Abel bajaba de la colina
mudo
y preservaba su alegría
en el calor ausente
de la oveja niña.

En el agrado de su pastoreo
las noches eran
un rebaño de nacimientos.

Humilde
bendecía sus manos de lana
las hilaba
las abría de gozo
ensimismado
en el obrar manso
de su día ovejero.

Una tarde tarde
su hermano le invitó
al campo labrantío.

Abel no vio
la sombra de la envidia
no del odio
a su espalda.

Tenía ojos de oveja
y confiaba.

No entendió el sacrificio de la ira.

Sólo al caer
al balbucir balido
tendió los brazos en amor perplejo.

Y miró compasivo
en su aurora de oveja
una ascensión de brillos hilanderos
como un ofrecimiento
de su inocencia.

MACUIRA


Entonces Mareiva los convirtió en cerros.
Y les mandó el árbol de Morva
para que comieran los pájaros.
Mitología Wayúu

El pez Itojoro
creó su danza
para atravesar el desierto de La Guajira
hasta encontrar
la Dulce Agua.

Ya el caracol
había levitado el mismo espacio
y humedaba la bruma del bosque
posible sólo
por la nube de cada noche
atrapada en la hoja.

La Macuira encerrada
en su pequeño milagro
guarda
la flor nublada
y el ave de morva
la re posa
y fecunda.

Un espíritu la abluciona del mar
y en su desierto
una mujer wayúu
la rodea
llamándola:
Macuira Macuira.

Hija de La Sierra
Hermana.
Los hombres convertidos en cerros
Fuego del Agua
Tierra del Agua
Sangre del Agua
regresan en los Centros de la Noche
a su Padre Mareiva.

Hija de La Sierra
Macuira
Hermana.

1990


OFICIO DEL VERDUGO

No bastaría todo el océano para lavar la sangre de mis dedos,
Ellos bastarían para enrojercerlo y mancharlo.
Machbeth. Acto II. Escena II

Se ha cambiado la camisa
pero el sombrero guarda
lo de su degollado.
Volverá al camino para ver
si el supliciado del día
ya acabó de morir.

En la plaza se recuesta al muro
tenso.
La habla alguno.
Otros pasan más lejos
apresurados.
El verdugo segrega
algo viscoso
que alcanza el aire alrededor
desde el punto del pecho
donde lleva incrustadas
las imágenes de la pupila
de su torturado.

Al otro día va al café.
Pupilas en la mesa
y en la esquina de la ventana.

Más muerto que sus muertos
no percibe normales
el sol
y la leche.
Algo rojo le brilla siempre
en el fondo de los pocillos.

Algo lo desaferra
continuo
de los hombres
y el agua.

1991

En sobria prosa, a veces adornada de imágenes poéticas, traza la vida y obra del poeta que trabaja. La intención es dar a conocer y sacar de libros y antologías lo mejor de la poesía de cada autor, para que los oyentes y lectores se motiven a profundizar en el tema.

Desafortunadamente de estos ensayos no quedan sino los originales, por lo que ustedes, amigos del blog, no podrán sino consultar la página de Plenilunio, todavía en formación :


GABRIEL RUIZ ARBELÁEZ , NTC … :

"Tocas allí puntos y preguntas claves, esclarecedoras y sensibles y haces un reflexivo análisis sobre el tema. Y éste da para mucha controversia. Y ya habrá oportunidad para seguir dialogando sobre él y sobre los temas UNIVERSALES de la literatura (¿la vida, la muerte, el amor, …? ¿o todo en uno solo: LA VIDA? ) y la “calidad” y características de los consagrados. Y cada quien tendrá su lista y sus preferidos. Mira no más la discusión que se ha presentado con el libro de los 100 de Plinio y Noemí que está por lanzarse: ¿Quiénes debieron estar y quienes no, como representativos de la literatura colombiana? Es la misma discusión de siempre sobre las antologías … y las selecciones (miremos no más los recientes trabajos de Harold Bloom … )" Gabriel Ruiz

"Creo que Orhan Pamuk es un escritor universal en la medida en que es muy local. Atreverse a hablar en Turquía del genocidio contra los armenios no es sólo un rasgo distintivo de la valentía en Pamuk, sino que también simboliza una ruptura con el establishment -con los poderes fácticos, como se diría ahora-, de Turquía, finalizó el ex embajador mexicano en Portugal."
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=39315


LA “UNIDAD TEMÁTICA” EN LA POESÍA

Me cuentan los que andan cerca de los jurados y de los premios de poesía que lo que más cuenta a la hora de asignar un puesto en el podio de un certamen es que el autor que se presenta a la lid muestre en su obra unidad temática.

En verdad, yo me muestro escéptico sobre este tópico. Sobretodo después de haber leído el contenido de fallos de jurados en otras latitudes. ¿A qué se pretende denominar unidad temática? ¿Es un nuevo fenómeno o descubrimiento de los críticos? ¿En qué academia o círculo se habló por primera vez y de manera teológica de este requisito? Antes había rima y métrica, había límites formales. Una arquitectura era visible en los poemas. Valencia habló de que toda una vida se podía gastar haciendo un verso. Valía tanto el contenido como la forma. El nicaragüense azul, que yo sepa, dividió en dos la historia de la poesía. Y como una mujer moderna, la poesía se despojó de sus ligas y de los corsés que le aprisionaban sus encantos. Apareció, entonces, el verso libre. Libre del horizonte, mas no del arrebol. Desapareció para el poeta y para el erudito la línea, el embeleco, el sonsonete que adormecía y que encerraba en AA y BB los versos.

Han pasado cien años desde la muerte del metro y de las colas apareadas. La poesía caminó como señorita Eva. Libre y pura por el edén de los olimpos. Pero sin saber cómo ni cuándo le han aparecido unos adanes que le muestran otra manzana menos atractiva y más odiosa. Ya la poesía no será más libre. Hay que encerrarla en otra cárcel. En el pabellón de la unidad de tema. Sólo así será reconocida. Ese será el santo y seña que le abra las puertas de la gloria.

¿Un poema? Pobre poeta. ¿Dos poemas?. Pobre poeta. Es una gallina de corto vuelo. No vale su canto, ni su numen alcanza para saciar el hambre de la escuela. Su hálito llega apenas al borde del pozo de la dicha. El abismo queda lejos y su pie nunca tocará su fondo. Esa es la excusa de los jueces. El veredicto está dado. Su inspiración abortó en la entrada. Ya el poema no se defiende solo. Tiene que venir en procesión y en fila, con multitud de caras parecidas.

¿Por qué razón inescrutable hay que juzgar sobre un cúmulo de aristas? ¿Es que la poesía vive en un laberinto de dodecaedros y sólo podemos verla a través de veinte espejos reflectivos? ¿Es tan poca cosa un poema de Rimbaud o el Albatros de Baudelaire, o Balada de la Cárcel de Reading, de Wilde? Un poema largo es una contradicción consigo mismo, debido a la fugacidad de los temas que aborda, decía Baudelaire, el objeto es fugaz y sólo necesita una pincelada, si se dan dos, ya se ha ido. Por qué, entonces, uno, dos, tres poemas no pueden calificar en un concurso? ¿No dan una dimensión, no proyectan el pensamiento y la fuerza del poeta? Si es así, por qué los jueces los apartan de su mesa y sólo hacen valer la obra que viene servida en mil platillos?

La poesía no es un juego de monopolio con cárceles, urbanizaciones, compra y venta, comodines y revueltas. No es una sesión de sexo con treinta posiciones. Es un ejercicio libre y sin condiciones, irreverente e irrepetible, es arte sublime y no una serie de artilugios de esquina para conseguir una moneda.

Habría tantos aspectos para considerar en un examen. Como la búsqueda y encuentro de nuevas formas, como el ejemplo Apollinaire. O la exquisitez en el tratamiento de imágenes, como en su época, el ultraísmo y el creacionismo, el modernismo y la sinestesia, el simbolismo y lo esotérico. O lo relevante o novedoso de la sonoridad, como lo propusieron Palés Matos, Guillén y Obeso. O el ingenio en el manejo del idioma, como lo hicieron Góngora y Quevedo, o la pureza del pensamiento poético a la manera de Bretón, Eluhard y demás surrealistas.

Calidad, no cantidad, arte y no alambique, trabajo y no favoritismo, son las consignas. La señorita Poesía sigue siendo exigente y digna. Ni es anticuada en su trato ni obesa ni escuálida en sus formas, ni estridente en su voz, ni se ofrece al mejor postor. Es fina y risueña y cantarina, soñadora y sublime y sensitiva, siempre sin comprormiso y a tono con las épocas, al natural, sin falsedades. ¿Por qué, entonces, habremos de medirla en los certámenes con una regla tan simplista?

Comentario de Rafael Escobar de Andreis :

“…el poeta gira una y mil veces sobre unos mismos temas, sobre repetidas perplejidades y esto lo lleva generalmente a que sus poemas tengan una cierta unidad, pero puede ser involuntaria, inconsciente. Lo que no me gusta es que se imponga como obligación.
Otra cosa es que alguien quiera escoger un tema y explorarlo a fondo a través de la poesía, escogerá entonces los insectos, o los gatos o el oficio de escribir, etc., y lo hará libremente, sin cortapisas, como le venga en gana. Es una manera, entre otras, de intentar vencer la esterilidad, la angustiante falta de ideas que con frecuencia nos atormenta.
Respecto a las normas, si bien es cierto que la poesía se ha liberado de los límites que imponían la rima y la métrica, esto no puede llevar a despojarnos de todo parámetro porque terminaríamos aceptando que todo es poesía y que no existen juicios de valor para diferenciar lo cocido de lo crudo. Sería el comienzo del galimatías. Ya lo había dicho Ezra Pound: “Ningún verso es libre para quien quiere hacer un buen trabajo”
Pero el aceptar ciertos parámetros no implica sujeción total, porque ¿dónde quedaría entonces la creación? Bienaventurados los que puedan subvertir el lenguaje, los que conscientemente y con sentido, inventen nuevas formas de decir y le extraigan, por decir así, a la palabra todas sus posibilidades. Pero no por simples caprichos o ansias de innovar sino porque su idea, el texto, exige una forma nueva que el lenguaje aún no permitía expresar.” De: Rafael Escobar [mailto:raeda60@gmail.com] Enviado el: Domingo, 29 de Octubre de 2006 11:12 a.m. Para: NTC.




Comentario de la poeta Amparo Romero Vásquez :



La unidad temática es retar al poeta, es exigirle a quien escribe desmenuzar el tema, volverlo polvo, raíz de toda siembra, convertirlo en un fluir de agua, en el agudo sostenido de quien cla honda queja desentrañando los ardores de la tierra.
Ahora no hay escuelas, ni lineamientos que nos exijan de una manera u otra patrones o códigos a seguir. Es la hora del desencanto, de la clepsidra invertida, de la ciudad bocabajo, y los temas siguen siendo mínimos, tan mínimos que nos repetimos, pero con la dicha o la desdicha ungidas a lo que nos hace diferentes de los otros: nuestro propio canto.
Cuando se encuentra uniformidad, casi siempre esa unidad temática proclama una madurez, un hondo oficio, una recia estructura, un tejido que va infiniendo la ilación. Y no quiero afirmar que todo lo que tenga unidad temática pueda suscitar esa extrañeza del asombro. Nos encontramos con poemas sueltos que nos donan paraísos desconocidos. A veces la escritura nos exige agotar la lluvia hasta convertirnos en náufragos.
Sigamos escribiendo de acuerdo a ese ritmo que nos marca la sangre y el acontecer diario, de acuerdo a nuestras urgencias, a nuestras lecturas, porque éstas nos enriquecen, de sus páginas salen duendecillos de alas blancas, islas para la desolación y hadas para los encantamientos.
Que importancia tiene la unidad o la no unidad, si escribimos para no dejarnos morir/ para no estar ciegos en medio de este estrépito/. Sé que el poeta canta en su hora de más silencio, además escribimos para nosotros mismos, no para ganarnos los premios, éstos son añadidura. No se escribe para un lector en especial, personalmente creo que escribo por una necesidad que me atrapa, y cuyo origen desconozco, y me exijo porque no puedo permitirme la mediocridad en ningún aspecto de mi vida. No me interesa cuando escribo que es lo que espera de mí quien va a leerme, es decir, la navegación la marcan muchas sinrazones, y no las enumero porque sería usurpar el derecho que tengo a callarme mis más hondos secretos.

Querido Leopoldo: gracias por tocarme, así es la escritura como una adarga de oro.






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